#SoyViolento: Un clavo difícil de sacar

#SoyViolento: Un clavo difícil de sacar

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La casa y la chispa

Si uno pasa por una de las sedes de la Universidad Distrital puede escuchar el sonido (bastante molesto) de una chispa, que suena aproximadamente cada segundo, si uno se acerca a la fuente del ruido se encuentra con una casa de vallas electrificadas, no les basta el vistoso letrero amarillo con la calavera pintada que advierte del peligro. Dicen algunos comentaristas deportivos que la mejor defensa es el ataque, y esa casa está lista para defenderse, amenazando a quien pase a menos de veinte o treinta metros de ella con ese tik, tik, tik hostil.
Compatriota, desmovilícese.

Compatriota, desmovilícese

Varias organizaciones colombianas bajo la bandera de #SoyCapaz han decidido aceptar lo obvio: que el problema de la violencia en Colombia no se limita a los actores armados, que no son solo las FARC, las Bacrim, los Rastrojos y otros grupos quienes deben desmovilizarse, también lo debe hacer la gente del común, la que vive y trabaja en las ciudades, la gente de “bien”. Hace falta que se desmovilice el grupo de estudiantes de una universidad de Ibagué que trató de linchar a un compañero suyo por sus tuits (grotescos e irresponsables, eso sí) sobre la tragedia de Fundación; también los que amenazaron de muerte al que descubrió fallas estructurales en los edificios del CDO; el tipo que mató al vecino que le pidió que bajara el volumen de la música; y hasta usted y yo, porque seguramente también estamos permeados en esa lógica de la acción/reacción violenta. Sin ir más lejos, una de las cosas que más me ha decepcionado en los últimos meses ha sido oír, mientras ponía el denuncio de un robo, a unos policías discutir de las razones por las que el Presidente de la República debía mandar matar al árbitro del partido Colombia Brasil. Que alguien piense así es triste, que lo hagan quienes deberían representar la institucionalidad y velar por los derechos de los ciudadanos, es aterrador.

De frente a Monserrate

Hace poco la Universidad de los Andes quiso tomar parte de la iniciativa #SoyCapaz bajando los molinetes para que la gente entrara, y las reacciones no se hicieron esperar, llegué a leer comentarios del tipo “Los envidiosos se iban a meter a hacer grafitis”, o que “había mucha gente secuestrable en la universidad y con eso corrían peligro”, o que “Ya se habían metido a robar con los molinetes ¿cómo sería sin ellos?” sin considerar que algunos robos pudieran ser obra de un miembro de la comunidad, porque claro, se asume que todos los que estudian y trabajan allí son gente de “bien” y que los malos están afuera. Finalmente alguien escribió indignado que “como a nosotros no nos toca la realidad del país, la universidad había optado por traernos la realidad”, ojalá fuera así y Los Andes se preocupara por romper la burbujita aséptica en la que terminamos metidos en algún momento todos los que estudiamos allá, pero eso no es algo que a todo el mundo le interese, porque sé para muchos el ideal de “tranquilidad” es la casa de la chispa.

Escrito por Emmanuel Ariza
Twitter: @DivisióndeAriza
Ilustración por Juan Andrés Tello

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