#Temática: ¿Cómo vender una causa?

#Temática: ¿Cómo vender una causa?

¿Cómo vender una causa?

Aprovechándose de hechos mediáticos para vender

Ilustrado por: Daniela Cardozo

La marcha del orgullo LGTBIQ acoge en vacaciones a algunos universitarios, los cuales no esperan para correr por su prenda más colorida, el maquillaje más extravagante y hacer mas extensa la lista de quienes deciden acompañarlos, ¿pero han hecho esta observación?

El orgullo LGTBIQ es de las principales causas de revolución del mundo moderno, después de las revoluciones pop, de las nuevas reinvenciones del arte y la opinión pública. El concepto que tienen las comunidades en general ha evolucionado, con apoyo, controversia, tumbos y cojeras, a ojos de un grueso conservador dentro de naciones tercermundistas. Las acciones del colectivo eran extremas y salidas de contexto, dando pie a criticas sobre las graves ofensas a la doble moral de quienes, luego sabríamos que con un leve empujón mediático, serían seguidores fervientes de la misma lucha que tanto enojo les causaba.

¿Por qué? Los medios son la respuesta, la solución a todos los problemas para controlar la opinión pública. Convertir una lucha, una causa en pro de la evolución del criterio general, en un accesorio más para adornar números en los honorarios de diversas marcas.

¿Cuándo comenzamos a domesticar causas? Muchos sentimos a leguas la euforia masiva que trae la marcha del orgullo, el famosísimo pride que unos aman y otros odian. Este año viene acompañada de una ola de campañas publicitarias que, a ojo de águila, demuestran apoyo y empatía por un movimiento que ha luchado por años. Pero si se estudia un poco mas de cerca, desecha los principios detrás de los colores y compra sonrisas con un bombardeo de falsa simpatía, ternura fabricada a partir de un estudio de mercado que determinó que la forma más efectiva de llegar a las multitudes era jugar con su, ya mencionada, doble moral.

El efecto secundario que no esperaban era que la aguja hipodérmica creara un ejército de oyentes, lectores y espectadores que pasaron de una reprimenda extrema a un apoyo incondicional. Víctimas de su propio invento, las marcas se ven en la obligación de postergar la campaña hasta que la coyuntura caduque.

El orgullo LGTBIQ sigue con su lucha ajena a las maquinaciones del mercado, sin embargo, sufren el síntoma del engrosamiento de sus filas gracias a una la programación mediática, pero la obsolescencia programada es antropológica también, tarde o temprano todo retornará a su descarada realidad.

Las marchas continuarán, es lógico, la lucha no empezó ayer y no terminará mañana. La verdadera pregunta es, ¿qué sigue en la lista del mercado para tomar sus colores y abanderarse detrás de causas que desconocen? Privatizar las luchas para venderlas como parte de una marca ha dibujado nuevos limites dentro de lo que pensábamos posible, ¿qué viene ahora?

 

Escrito por: Nicolás Vanderhuck

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