#Temática: Difícil de olvidar

#Temática: Difícil de olvidar

Difícil de olvidar

Sobrevivir a la pérdida y pecar en el intento

Ilustrado por Daniela Cardozo

 

Después de vivir más de 10 años juntos nos hemos dado cuenta que en realidad no somos el uno por el otro. Que el hechizo mágico que nos enamoró, perdió su efecto. Ahora nuestra salud mental y física son más importantes.

Después de dormir arrunchados, pasamos a tener una frontera invisible en la cama. Después de pensar en lo lindos que nos veríamos viejitos disfrutando de la pensión, caímos en cuenta que la expectativa de vida juntos es igual a las semanas que nunca cotizamos. Después de soportar mis berrinches cada cumpleaños, ahora ni siquiera estará en la lista de invitados y mucho menos los recordará, aunque, hace varios años la amnesia selectiva empezó a afectar cada 31 de marzo.

Pasados más de diez años, pensar que fueron en vano es duro, pero, peor es preguntarnos ¿y ahora qué? Cómo iniciar una nueva vida sin esa relación tóxica, manipuladora y enfermiza, cómo dejar de depender emocionalmente si siempre ha estado ahí, para bien o para mal.

Cuántos tarros de helado o libros de Paulo Coelho y Walter Riso se necesitan para superar ese vacío que, aunque se quiera, es imposible dejar de sentir. Ahora entiendo por qué mi mamá tuvo que pasar varias separaciones fallidas antes de dar el paso final.

Después de pasar más de diez años haciendo planes juntos, queriendo ver crecer los niños, hasta pensando quién moriría primero, se cae la manta y nos damos cuenta que como dice la canción: todo se acaba y todo se olvida. Nunca pensamos que ese fuera nuestro caso.

Pero, ¿vale la pena “desperdiciar” los mejores años de tu vida en una relación que para ambos ya perdió el sentido? Cuando entramos en crisis existenciales y la retrospectiva nos muestra los errores, las oportunidades perdidas y el tiempo que ha pasado, es más claro el panorama.

Ahora solo queda continuar, ¿hacia dónde? ¡Ni idea! ¿cómo? ¡Quién sabe! Solo queda confiar en ese vacío en el estómago que al parecer sirve para guiarnos a lo que necesitamos en la vida. Para los que creen en algo, pues, hay que tener fe y como dicen por ahí, para atrás ni pa’ coger impulso.

Al parecer las parejas cada vez se separan con más frecuencia, (no sé si las de más de diez años) porque esta relación parece más un hábito, pero, a menos que tengas pensamientos suicidas, no se muere en el intento. Si me preguntan por las razones no sé qué responder, aun así empiezo a creer en el fantasma de la rutina, ese que se apodera de los parches, los gustos, la salud, hasta el hígado graso termina influyendo en tan difícil decisión.

Lo cierto es que la salud física y mental son lo más importante, y estar envueltos en relaciones dañinas trae más problemas que beneficios. A veces llega el olvido y solo queda pensar con esperanza que él o ella ocupará una buena parte de nuestros recuerdos y esperar que esos malos momentos que vivimos juntos no se vuelvan a repetir.

Es triste pensar que después de poder amar tanto algo, solo tenga que pensar en olvidarlo. Y es que son más de diez años comiendo salchipapas. Nuestra relación viene desde el colegio, hemos sido confidentes, incondicionales, me has acompañado en momentos de lujuria y depresión, en la universidad y cada fin de semana. Las malas lenguas dicen que las salchipapas nos vuelven maricas, y yo estoy por pensar que es cierto, pues, siento un profundo terror cuando pienso en mi nutricionista, en sus recomendaciones y en el hecho de no volver a estar juntas nunca más.

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