#Temática: La voz del Amor

#Temática: La voz del Amor

La voz del Amor

Cómo conquisté a mi primer amor

Ilustrado por John Stephen Toro 

 

Durante la época escolar se disfrutan muchas cosas que probablemente no se vuelven a vivir, ya sea por pena o por la llegada de la vida adulta y sus responsabilidades (pagar facturas y engordar, básicamente), y cada vez es más difícil que nos volvamos tan intrépidos o vivamos con el riesgo a tope. Tuve la casualidad de estudiar  en un colegio católico, con rector sacerdote que en los últimos grados de bachillerato decidió abrir una jornada femenina en la tarde.

En ese ir y venir de hormonas por las niñas nuevas, naturalmente me gustó una de ellas, pero como todo caballero me encontré con mucha competencia y esto resultó en un estímulo para desarrollar habilidades y maniobras, que de otra forma, no hubiera siquiera considerado.

Con el boom del reggaetón se formaba un coctel perfecto para nuestros instintos, y para hacerme el valiente decidí inscribirme al festival de la canción que se realizaba a mitad de año escolar. Yo nunca había intentado cantar fuera de la ducha pero estaba dispuesto a ganarme ese corazón esquivo, y gracias a la locura se volvió una idea totalmente lógica.

En la jornada de la mañana hice la prueba junto con mi mejor amigo, cantamos “pegao” de Wisin y Yandel, y sorpresivamente no solo nos fue bien, sino que hubo tal emoción que volaron sillas por todo el recinto y terminamos siendo finalistas del festival.

En la tarde llegó el momento esperado, estaba muerto del susto, aunque tenía el efecto de la adrenalina en mi cuerpo. Solo pensar en la locura que iba a hacer me ponía los pelos de punta: en un instante pase de ser un espectador más a salir de un telón blanco, cantando “Yo te quiero” también de Wisin y Yandel.

El impulso de las niñas de la tarde mientras caminaba por el recinto me dio mucho más ánimo, y las estudiantes de primaria bailando la coreografía improvisada que nos inventamos ese mismo día hicieron el espectáculo más lindo.  Y finalmente, después de metros eternos caminando, llegué donde estaba sentaba mi damisela: en medio de todas las miradas curiosas la miré a los ojos, me arrodillé, y mientras entonaba frases de la canción, le entregué un ramo de flores.

Y todo el recinto estalló de emoción, era insólito cómo un estudiante hombre se había apoderado del escenario para un acto de esos, en frente de todas las profesoras y directivas del colegio. Al terminar la canción y devolverme, temí seriamente por mi futuro en el colegio.

Afortunadamente, el gusto era mutuo, y terminamos siendo novios por un buen tiempo, aunque creo que ese gesto fue determinante para lograr que se decidiera por mí. Al escribir esta historia reaparecen las sonrisas y espero que, si por casualidades de la vida ella lo vuelve a leer, sonría como la primera vez.

Escrita por:
Jonathan Rodríguez Troyano

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