#Temática: Y DIZQUE ERA MÚSICA

Y DIZQUE ERA MÚSICA

Cómo eso a lo que llamamos ruido era la esencia de la época

Ilustración por:  John Stephen Toro M.

 

Los noventa, ¡qué años tan especiales! Un placer crecer en ellos y llenar mi mente de su esencia para siempre. El tiempo en que vivimos es una importante parte de nosotros, nos marca hasta el punto que, irremediablemente, se nos termina notando y más lo hará cuanto más viejos seamos, como le ocurre a nuestros padres y abuelos, por ejemplo. La parte del cerebro que guarda mi infancia la tengo llena de bandas sonoras de una infinidad de programas infantiles y de novelas, habiendo sido una niña que gastó una valiosa cantidad de horas de tan efímeros años frente al televisor.

También fui curiosamente melómana. Todas las tardes, mis amigas y yo íbamos a la casa de Oriana (a quien, a escondidas, le decíamos “Orines”) a bailar las canciones de Marbelle y de una novela mexicana llamada “Baila Conmigo”. Esto debido a que ella tenía los enormes discos de acetato. E igualmente me hice fanática de Enrique Iglesias y empecé a cantar a todo pulmón con Salserín, Paulina Rubio y con Fey.

Y una mañana cualquiera de sábado se fue la esplendorosa infancia vestida de rojo. Pero, al tiempo, llegó otra época majestuosa en el sentido más bajo: la época fea hasta del más lindo. Aparecieron las noches ambientadas gracias a los DJ’s (como, por esos días, se les llamaba a las personas encargadas de poner la música en las minitecas) con Rikarena, los Ilegales, Proyecto 1 y después, Cuentos de la Cripta. También, en estos años fui entendiendo las canciones de Britney y de las Spice Girls, ya que siempre tuve delirio bilingüe. Pues resulta que yo, en mi inocencia, les había tergiversado el sentido a todas sus letras y al irlas entendiendo, me enamoré aún más de la música hasta el punto que hoy amo con el alma a Ricardo Arjona, a Avril Lavigne, a Pink, a Bebe y a otros más.

Apareció la champeta y vi hasta a las más santas de mi salón quitarse las gafas y bailarla. Incluso yo me tiré mis buenos pasos. Y después todos sus derivados, entre ellos, el más consentido, el amor de los amores de esta generación: el Reggaeton.

 

Por otro lado, la electrónica siempre ha evolucionado (aplica para cualquier contexto). Y aclaro que esta palabra, antes, para mí se limitaba a “la ciencia que estudia la electricidad”. Pero ahora no tiene límites. Me hace moverme, cerrar los ojos e improvisar mejores pasos que los de la champeta, así como el significado de DJ, que en este tiempo es más bien un productor musical, un artista. Sin embargo, ahora comprendo perfectamente porqué mi papá llamaba “ruido” a la música que a mí me gustaba, ya que eso era para él, que era nacido en 1936. Así la percibía y ¡Dios se apiade de los padres y abuelos de estos tiempos! ¡Y de nosotros! Porque la música no se queda quieta, está en constante cambio. Y un día mutará mucho más, nuestros ritmos se perderán y nos dejarán atrás, después de haber sido tan arrogantes. Yo no lo creía, pero una vez en la universidad, vimos un video sobre el “Reactable” ¡Y por Dios que era un ruido! ¡Uno solo! ¡Y dizque era música!

 

¡Y ahora qué haremos! ¡Qué seguirá!

Escrito por: Lorena Arana

@AranaPoesía

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