Una cadera envenenada

Una cadera envenenada

Fotografía: Mauricio Rey

Aunque parezca mentira, Shakira ha vivido malos ratos. A los 17 participó y ganó el concurso La cola del 94, título que hoy la encabrona. “No me siento orgullosa de ese título –dice con furia mal contenida–. Una cosa así no volverá a sucederme. No lo permitiré”.

Para rematar, grabó una telenovela con Waldo de los Ríos. Le llovieron críticas porque la telenovela fue un fiasco y porque se enamoró del galán, que era mucho mayor que ella. Colombia entera estuvo en vilo. Todos temíamos que el boricua fuera a abusar de la niña. En realidad el tipo era lerdo, amén de pésimo actor, y lo más probable es que Shakira haya abusado de él.

Pero lo que vino después fue perfecto.

En 1999 Shakira quemó el compacto ¿Dónde están los ladrones? Las canciones viraron hacia el rock pero sin traicionar el espíritu de la balada ni los preceptos del pop. Las letras tenían un tinte social, buen humor y esquivaban el panfleto.

En el 2000 grabó Unplugged, una obra maestra que le valió el Grammy (el de verdad, el americano) y puso el mundo a sus pies. El video del plato fuerte del CD, “Ojos así”, una de las fusiones más felices de la música contemporánea, llegó a verse 4.500 veces diarias en los canales de televisión del mundo. VanityFair le dedicó un artículo de fondo: “Shakira, el mejor producto de exportación (legal) de Colombia”.

Tras la brecha abierta por el Grammy, Shakira, Sony & Estefan Inc. planearon cuidadosamente el asalto al mercado anglosajón. El resultado se llamó Laundry Service, un álbum formado por 9 canciones en inglés y 4 en español que se vendieron como el pan en los cinco continentes.

Shakira trabajó tan duro para depurar su inglés, que a veces lo hablaba dormida. En la noche de la víspera de la grabación del disco, para lo cual se había organizado un concierto privado, el estrés le produjo un cuadro febril y sólo pudo dormir una hora. El concierto no se podía aplazar porque ya estaban en Miami, venidos de todas partes del mundo, músicos, ingenieros y bailarines convocados exclusivamente para tal fin. Shakira llegó con 20 minutos de retraso pero bailó, tocó la guitarra y encantó a un auditorio compuesto por empresarios y periodistas del espectáculo. (Como dato curioso hay que anotar que en la grabación no se utilizaron instrumentos electrónicos, sólo acústicos).

2010 marca el punto más alto de su carrera. Canta Waka Waka en la inauguración del Campeonato Mundial de Fútbol de Suráfrica, conoce a Gerard Piqué y toca el cielo.

Explicar el fenómeno Shakira no es fácil. Podemos, sí, sumar virtudes: su voz límpida y llena de matices que le permiten cantar con “toda la paleta”; el crisol de razas y regiones que intervienen en su mezcla: el caribe de su tierra, el Líbano de su padre, la Italia de su madre; el vibratto largo de su voz, un sello personal; la inteligencia cinética de su cuerpo, responsable directa de su luminosa presencia escénica y de su inquietante golpe de cadera (otro vibratto); y su música, claro, y la afortunada fusión de ritmos, que hacen de sus canciones algo nuevo y familiar a la vez; y el tino de sus managers. O quizá ella sea, como todos los genios, el resultado de la suma de los factores T: talento, trabajo y tenacidad.

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