#Temática: Los sueños siempre son ajenos

#Temática: Los sueños siempre son ajenos

 

LOS SUEÑOS SIEMPRE SON AJENOS

Buscándole el sentido a la vida

 

Uno de los sueños de mi niñez se cimentó en los estadios de España, cuando la maravillosa selección Brasil de Zico, Sócrates, Falcao, y otras superestrellas me enseñaron lo que significa jugar fútbol. Desde entonces, ver a aquella hermosa camiseta triunfar en un mundial daba sentido a mis días cargados de cotidianidad y amargura.

Por supuesto, esa ilusión superflua de un equipo fue superada por otras metas más ambiciosas. Decidí que mi vida podía ser enriquecida con la música, el arte, los libros y otras pasiones que, como el fútbol, me permitieran sentir calor en mi pecho y no la frialdad del mundo exterior. Escogí las letras y plasmé mi vacío existencial en ficciones que no le interesan a nadie y que apenas me entretienen a mí, pero que marcan mi vida.

Pero no es cierto, la vida no tiene sentido; por eso debemos inventarle uno. Admiramos a Salvador Dalí, nos sentimos satisfechos ante un día de productiva labor, lloramos cuando uno de nuestros hijos se hace bachiller o bailamos hasta el éxtasis una canción de Prince. Y el fútbol es una de esas pasiones, uno de esos momentos que dan sentido a nuestras existencias: nos sentimos vivos cuando nuestro equipo amado mete un gol y nos entristecemos cuando la derrota reemplaza nuestras esperanzas.

 

Después del fin del mundo, la vida sigue. El fútbol, la música, los libros, hasta los hijos son solo divertimento pasajero, pero no definen nuestras vidas. En realidad, son fragmentos de nuestra interminable búsqueda de destino.

 

Pero eso tampoco es cierto. Es solo otra manera que escogemos en la ruleta del mundo para llenar nuestro vacío existencial. Olvidamos que lo que define nuestra vida no son metas en las que se triunfa o se fracasa, sino fragmentos de universo que nos alegran y nos entretienen incluso cuando nos causan dolor. La alegría de un libro embrujador, una canción de ritmo endiablado, un hijo que sonríe orgulloso… todo eso nos divierte por unos momentos, pero no nos justifica en realidad. Solo nos lo inventamos.

Regreso a mi anécdota inicial, pues el deseo de ver campeón en Río de Janeiro al Brasil de mi niñez no se cumplió. En 2014 estuve en el estadio Mineirao de Belo Horizonte, en esa fatídica derrota de 7-1. Me sentí derruido con cada gol, como si me fueran matando los sueños uno por uno. Por supuesto, me dio tristeza. Pero no se acabó mi existencia, no me quede sin sentido en la vida, no se derrumbó el universo en una entropía de llanto y caos. Es obvio, ¿no? Eso no sucede. Sin embargo, hay personas a las que sí les sucede: que se hacen matar por un equipo de fútbol o que están tan lejanas de su vacío interno que cuando fracasa la banalidad con que lo han llenado, se derrumban de manera inevitable.

Después del fin del mundo, la vida sigue. El fútbol, la música, los libros, hasta los hijos son solo divertimento pasajero, pero no definen nuestras vidas. En realidad, son fragmentos de nuestra interminable búsqueda de destino.

El que alguien lea este texto es otra manera de imaginar que mi vida tiene sentido.

 

Autor: Óscar Perdomo Gamboa
Ilustración: Óscar Lozano

Comentarios

comentarios

Leave a Reply