#Columna ¿A quién le sirve Matarife?

#Columna ¿A quién le sirve Matarife?

¿A quién le sirve Matarife?

Por Juan Pablo Ortega Sterling

El país político y las redes sociales se han movido estas últimas semanas debido a los llamativos números que ha producido la serie Matarife: un genocida innombrable del abogado y periodista Daniel Mendoza Leal. Son millones de reproducciones en plataformas digitales, miles de trinos y decenas de titulares en medios de comunicación como consecuencia de las primeras entregas.

Básicamente se trata de un largometraje seccionado por capítulos semanales de seis minutos, donde se narran supuestos hechos, en su mayoría ilegales o inmorales, de la vida pública del expresidente Álvaro Uribe. Lo de siempre: especulaciones sobre sus presuntos vínculos con el narcotráfico, la corrupción, el paramilitarismo y varios delitos graves.

No entraré en detalle sobre el contenido, ni me corresponde en esta columna ser quien condene o absuelva al senador Uribe, pues quien haya revisado —muy por encima— la historia de Colombia, sabrá que personajes con tanto poder político acumulado se vuelven prácticamente inimputables.

A lo que sí me voy a referir es a la forma como está presentada la propuesta.

Primero, la falta de transparencia: ¿Qué se puede esperar de una serie que se emite cada ocho días y sólo expone unos cuantos minutos de su producción? Tratándose de un contenido altamente político y de asuntos gruesos que inciden en la opinión pública, una semana entera es espacio suficiente para un sinnúmero de cambios y ediciones a conveniencia, que seguramente terminarán por tergiversar los hechos que pretenden revelar.

Segundo, la megalomanía de su autor: Daniel Mendoza, escribió los textos, ayudó a escribir los guiones que salieron de sus textos, lee sus propios guiones, los actúa y además, presenta, promociona y pauta todo el contenido.

Tercero, la ausencia de rigor periodístico: en una época donde las fake news son todo un reto para la estabilidad mundial, en lo que lleva la serie no se encuentran pruebas, testimonios o evidencias que argumenten lo que se está narrando. Por ahora solo hay fotos inconexas, conjeturas, chismes y repeticiones compiladas de supuestos eventos que no han podido ser probados. No hay cosa más contraproducente que el peor culpable siendo juzgado por un mal fiscal, al final, el acusado saldrá absuelto, no precisamente por su inocencia.

Cuarto, los intereses detrás de cámaras: en un país tan polarizado, tan propenso a la manipulación política y con argumentos cada vez más delirantes como protagonistas del debate, ¿A quién le sirve Matarife?

Cuando los opositores de Uribe dicen y legitiman cualquier cosa, pues Uribe comenzará a decir también, cualquier cosa (tragedias familiares, acusaciones a la inversa, victimizaciones), y la mitad del país le creerá y seguramente saldrá fortalecido.

No soy enemigo de la verdad, creo que por el bien de Colombia debemos escribir una nueva historia sobre la base de lo que en realidad pasó, pero si la tarea de construir esa verdad parte de unas narrativas que destilan tanto odio y temeridad, la porción del país que necesita conocer esa historia, nunca la entenderá y seguirá por siempre, legitimando a su(s) verdugo(s).

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