#Columna DONDE LLUEVEN BALAS LLUEVEN LETRAS

DONDE LLUEVEN BALAS LLUEVEN LETRAS

Por: Giovanni Sánchez

El escritor tiene los dedos inquietos. Se sienta en su silla, saca su arma, la limpia, la actualiza para que no se le ponga lenta, reflexiona y visualiza esa hoja en blanco en la cual va a escribir lo que se le venga a la mente.  Está loco, tiene sus dedos calientes, así como los pistoleros; de todo lo que ve y lee, quiere escribir. Anda ‘on fire’ como Duván Zapata, le mete goles a la desigualdad,  a la pobreza y a la violencia, también a la ineptitud y cinismo del Estado.

Se puede decir que está loco; que es un fantasioso, pues puede transformar la realidad en un cuento, una novela o un escrito común y corriente. No necesita subirse a una moto con letras D y T,  usar pasamontañas o echarse a perder. A los únicos que debe enfrentar es a los lectores, no para que le tengan miedo sino para que consuman, lean y aprendan de cuanta cosa se le pasa por la mente. Sus patrones son esos lectores, tanto los básicos como a los que les gusta ahondar sobre un texto, ellos le dan motivos,  lo critican o lo incentivan.

Quisiera que todos leyeran, que todos aprendieran sobre la génesis de la violencia y de las obras de Vallejo, García Márquez,  Carrasquilla  y lo múltiples ensayos de la bumanguesa Elisa Mujica o de su mejor obra llamada la Candelaria, en la cual cuenta la historia  de la Ciudad de Bogotá,  de Santa Fe de Bogotá, del chorro de Quevedo y de Gonzalo Jiménez de Quesada. Pero no la conocen porque es mujer, porque en la literatura se destacan más los hombres que las mujeres y porque a un alto porcentaje del pueblo Colombiano no le interesa rumiar un texto, investigar, cavilar y tristemente leer lo que genera conocimiento; sólo le interesan los escritos de los memes, de los estados acompañados por emojis que no tienen  reflexiones ni  intenciones de dejar un mensaje positivo, y porque el consumismo de redes sociales y de compartir una imagen cada hora, no es el mismo consumismo que merece un escritor.

Al escritor le cuesta trabajo elaborar un texto por más sencillo que el lector lo vea.  Es consciente de que debe escribir sobre diversos temas, acontecimientos y contextos; también quisiera que algún día, se incrementara la escritura y la lectura  para combatir todas las negativas mencionadas arriba. Dicho esto, el lector dirá que es imposible que un escritor combata con sus dedos y su mente a un asesino que hace su trabajo en un  par segundos,  mientras en otro par, se monta a la mota o sube el vidrio de la camioneta blindada y le dice al conductor, “pisémonos”.

Es posible que de las adversidades y de las situaciones infernales de violencia, desarraigo, pobreza y exilio hayan nacido obras como las de Molano, Gabo, Edgar Torres, José Eustasio Rivera, entre otros. Es por eso que el lector, aún sabiendo que sus dedos no tienen la capacidad de generar dolor y sufrimiento pero sí críticas constructivas, entretenimiento e intelectualidad, decide transformar todas estas tristezas que agobian a una nación en escritos. Porque el escritor se siente libre, capaz, y en algún caso, feliz (dependiendo del contexto) de que sus dedos transformen una negatividad en felicidad, imaginación y adquisición de conocimientos no solo para él, sino para una sociedad ultrajada y asesinada por los dedos de los prontuarios  delictivos.

Comentarios

comentarios

Leave a Reply