#Columna – Inteligencia: la definición justa que todos merecemos

#Columna – Inteligencia: la definición justa que todos merecemos

Inteligencia: la definición justa que todos merecemos

Como seres humanos somos responsables de muchas cosas: los automóviles, los teléfonos celulares, las caricaturas de Bugs Bunny y de destituir presidentes corruptos en Perú (¿Cierto, Colombia?). Somos creadores de muchas cosas más, y todo esto es gracias a un concepto que muchas veces pasa desapercibido o no logramos comprenderlo con precisión: la inteligencia.

¿Podemos definir la inteligencia?

No, mis estimados homo sapiens, al menos no en términos prácticos.

A lo que sí podemos recurrir para aterrizar una definición… más o menos concreta, es dividir la inteligencia en los siguientes aspectos:

  • Memoria
  • Información
  • Aprendizaje
  • Conocimiento
  • Creatividad
  • Uso de herramientas físicas
  • La habilidad de planeación
  • Inteligencia cultural

Imagino que pensaste que hablaría de la inteligencia espacial, matemática, interpersonal y blablablá. Bueeeeno, creo que esa forma de abordar la inteligencia ya la quemamos bastante. ¿No?

De esta forma, todos los aspectos no deben hacerse presentes, pero sí nos permiten determinar un nivel de inteligencia más justo. Por supuesto, si no olvidamos que nosotros también somos animales.

Además, espera. Hablemos sobre por qué estos aspectos nos ofrecen una mejor perspectiva del concepto.

Ardillas y abejas: inteligencia animal

Los conceptos que hasta ahora se proponen y enseñan para abarcar la inteligencia no solo parecen competir entre ellos, sino que se concentran en características estrictamente humanas, que quizá (y no por iniciativa propia) salpican el comportamiento animal.

¿Les parece justo competir contra una ardilla en unas olimpiadas matemáticas? Es probable que ganemos por considerable unanimidad. Pero ¿qué ocurre si competimos contra una ardilla en unas olimpiadas de identificación y conservación de nueces?

Las ardillas, con base en su aprendizaje, información de su entorno y memoria, logran identificar entre distintos tipos de nuez (las almendras, avellanas y el nogal son sus favoritas) y proceden a seleccionar las mejores para ocultarlas bajo tierra, mientras las viejitas o dañadas las consumen de inmediato.

Luego, viene la estrategia de planeación y creatividad que aplican al enterrar falsas nueces cuando se sienten observadas (conocimiento). Y, finalmente, el increíble uso de la memoria (nuevamente) para recordar cuáles eran los lugares donde sí enterraron nueces.

Las abejas también ofrecen un ejemplo muy curioso de la aplicación de estos aspectos en el reino animal.

Esto se dio en un experimento donde las abejas debían mover unas pelotas (proporcionales a su tamaño) a un lugar objetivo. Para lograr eso, los científicos usaron imanes las primeras veces y recompensaron las abejas con néctar. Luego, sin imanes, la abeja comenzó a arrastrar las pelotas, pero no cualquiera sino la más cercana al objetivo. Eficiente, ¿no?

Existe un proceso de aprendizaje y conocimiento: Aprendo que mover la pelota al objetivo me traerá una recompensa y reconozco que es la pelota más cercana el camino más corto para cumplir la meta.

Lo que nos diferencia

Es cierto, es cierto… hay aspectos en los que no podemos entrar en una competencia de inteligencia sana con otros animales. ¿Pero qué es lo que nos separa de ellos realmente?

Bueno, prestando un poco de atención, nos damos cuenta de los dos aspectos que no mencionamos en los ejemplos de la ardilla y la abeja: el uso de herramientas físicas y la inteligencia cultural.

Siendo tan solo dos de los ocho mencionados, aquí nace un crecimiento exponencial de las metas que puede lograr nuestra especie basada en la inteligencia.

A través de campos como la ingeniería, elevamos el uso de herramientas físicas a un nivel que nos permite crear máquinas extremadamente complejas para el alcance cognitivo animal. Esas máquinas vendrían siendo los verdaderos “life-hacks” que nos hacen la vida más fácil.

Y ese aspecto se complementa perfectamente con nuestro comportamiento grupal para alcanzar un mismo objetivo, que incluye no solo una fusión de conocimientos sino elementos basados en la memoria y la capacidad que tenemos para conservar esos recuerdos en documentos, libros, publicaciones, internet y cualquier medio que permita el grabado de información hoy en día.

En resumen, por ahí dicen que la unión hace la fuerza. Pues, el gran salto que damos en inteligencia versus los animales no es gracias a características individuales, sino a nuestro comportamiento colectivo.

Aunque, por favor, alguien organice un certamen de nueces entre humanos y ardillas.

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