#Columna: La importancia de saber escribir en Colombia

#Columna: La importancia de saber escribir en Colombia

 

La importancia de saber escribir en Colombia

 

Me acuerdo cuando aprendía a escribir y trazar los números, con el lápiz Mirado 2 en la mano y la profesora chuzando y chuzando, diciendo “¡esos números están muy feos, Camilo!”, mientras yo terminaba de hacer un “5” casi tan deforme como la política de nuestro país.

En ese momento no entendía cuál era la necesidad de escribir bien las letras y trazar bien los números, no los necesitaba nada más que para que se vieran bonitos y eso era suficiente para pasar las materias; el problema lo entiendo ahora. Lo que pasa cuando los niños no aprenden a escribir bien, pueden ser varias cosas:

  • Que, cuando usted sea Registrador Nacional (y a lo mejor se apellide Galindo), va a mandar a sacar “17” copias, pero el encargado entendió que eran “11” y usted, confiado sin hacer su trabajo completo y revisar cuántas copias le trajeron, espere el día de las elecciones para darse cuenta de que la cagó.
  • El problema con no saber escribir bien es que, seguramente, tampoco va a saber leer bien. Por eso mismo, cuídese de confundir lo que dice un acuerdo de paz sobre la protección de las comunidades vulnerables en el país; puede llegar a entender que se van a poder casar y hasta ser capaces de adoptar niños que no tienen hogar. ¡Qué tragedia!
  • Sobre los procedimientos laborales, especialmente, atento a cualquier cosita de más que se le vaya o escriba mal en su hoja de vida. ¡No vaya a ser que ponga usted estudios en Harvard que tenga que sacar corriendo al día siguiente!
  • Por último, lo peor que le puede pasar es que la embarre tan feo que favorezca a algún candidato presidencial, si es usted jurado de votación y le toca el escrutinio. No vaya a ser que termine confundiendo un “-” con un “6”. Cosas se han visto.

Hablando en serio, ¿no les parece vergonzoso que Netflix también criticó y se burló del fraude electoral que vivimos el 27 de mayo?

Cuando algo así ocurre, creo que es hora de sentarnos a ver series por horas en señal de respeto a Netflix, pero no en Colombia, también por respeto a Netflix y cualquier otra organización, persona o ser viviente.

No sé si a los jurados que metieron la mano de forma tan evidente y desagradable no habrán tenido pesadillas: por lo menos, una en que Petro gana la segunda vuelta y les expropia hasta el nombre en la base de datos de la registraduría. Que no vuelvan a ser jurados nunca más esos desagradecidos.

Quizá estoy siendo muy severo y olvidé el meollo del asunto: aprender a escribir.

En medio de todo ese alboroto de campañas basadas en ataques a otros candidatos, de líderes políticos que pasan de tibios a fríos, de directores liberales que se toman muy en serio la libertad y se van con el tirano; lo bueno de todo, es que la juventud de hoy en día aprendió a escribir mejor.

Quizá sean las redes sociales que nos demandan un ejercicio de escritura diario o quizá se lo debemos a nuestros maestros. Quizá es un poco de ambas cosas y unas cuantas más. Lo importante es que comenzamos a entender que el cambio no lo iba a hacer el viejo político y, en esta oportunidad, tampoco el profesor político.

Muchachos, el cambio lo hacemos nosotros. Porque no hay maquinaria que pueda contra el engranaje de millones de cabezas capaces de pensar por sí mismas.

 

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