Lugares afligidos, cultura perdida

Lugares afligidos, cultura perdida

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Es triste visitar una biblioteca tan completa y muy bien elaborada, como lo es la Biblioteca departamental Jorge Garcés Borrero de Santiago de Cali, una mina de educación donde los libros son devorados por el polvo y no por su uso. Una biblioteca que incentiva y promueve la interacción para ser usada y en la que, aun así, se consigue poco. Claro se ve que en las aulas de clase de primaria y bachillerato caleñas poco se instruye de literatura, la gramática es horrorosa, en la mayoría de los casos los niños y jóvenes ignoran las clases por completo. Se han fomentado desnutridas las historias, los poemas, cuentos y demás escritos ejercidos por los humanos. A pocos les sirve la meta cognición al leer. La cultura de leer se encuentra en vía de extinción. Ya la imaginación no se ve en los cuerpos absorbidos por los libros. El criterio y la opinión no sostienen bases, eso se refleja en el habla de los ciudadanos. Es mucho el desastre que causa los bajos índices de lectura, una gran especificación es la ignorancia que viene siendo la vía más segura del no leer.  Si bien se sabe que el leer produce aprendizaje, estimulación del cuerpo, activa la imaginación ejerciendo grandes procesos en la mente, genera cambios de manera positiva, produce convicción y deseo de superación, aparte del desarrollo de otros ámbitos. La cultura de leer se pierde, por consecuente se pierde la escritura y el resultado es el no saber.

En Santiago de Cali, una ciudad asombrosa y majestuosa, los largos cuerpos se menean, sin doblez alguno con gran desinterés sobre lo que son espacios de contemplación y orgullo según fuesen las intenciones de sus creadores; en un parque de cinco poetas recientemente pintado de un verde petróleo con una gran placa (un gran legado de Eduardo Carranza) que se supone ser de bronce, ahora arruinada por la pintura, contiguo con la iglesia la Ermita y una estatua de dos enamorados de blanco se creería, pero grisáceo de la suciedad, entre el puente Ortiz y el CAM la estatua de Efraím y María. Estos dos lugares suelen estar llenos de vendedores ambulantes y de sus peatones quienes no merecen una gota herencia. Sumergidos entre la población, no se identifican grandes autores vallecaucanos como Carlos Villafañe, Octavio Gamboa, Ricardo Nieto, Antonio Llanos y en un caso diferente, medio se identifica a Jorge Isaac. Hombres de manos sensibles y concisas que regalaron a una población grandes letras, palabras, historias. Exaltando su tierra con su presencia. Escritos narrativos de su infancia, juventud; descriptores de la misma con elogio, grandeza, amor, serenidad y pureza desde las entrañas de los sentimientos de su tierra, de sus infinitos paisajes cada vez mas distintos y hermosos. Lo cierto es que estos escritores anteriormente nombrados son pocos para todos aquellos que han sido endulzados por la inspiración. Algunos ejemplos de vallecaucanos de honor y vocación son Benigno Núñez (Mono Núñez), Eustaquio Palacios, Gustavo Álvarez Gardeazabal, Enrique Buenaventura, Horacio Benavides, Harold Alvarado Tenorio, Hoover Delgado y Andrés Caicedo entre otros. Llenos de sentimientos se propone que estos espacios deben florecerér, deben instruir, deben progresar. La comunidad como ente constructivo debe liderar y proponer  soluciones.

Muchos no conocían de estos autores antes de ser nombrados, ni siquiera saben del parque que hablo, cuyo nombre es El parque de los poetas . Ahora que sabemos podemos ejercer este espacio para un beneficio de utilidad de la ciudad, como un lugar más, que hará parte de nuestra vida.

P.D. Hagamos el ejercicio, leamos e inspirémonos, nutramos el alma en el parque de los poetas o en la biblioteca departamental Jorge Garcés Borrero, supongo que para eso fueron creados.

 

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