Perro come perro

Perro come perro

Perro come perro es uno de los mejores largometrajes colombianos de los últimos años. No resulta extraño que haya sido escogido para estar en la selección internacional del Festival de Cine de Sundance y tampoco que la prestigiosa empresa de ventas francesa Celluloid Dreams se haya interesado en él para intentar su distribución en el mundo.

 

Foto: Cortesía Antorcha Films

El experimento lleva impreso el nombre de Carlos Moreno, que por primera vez hace un largometraje, pero que está curtido en la dirección de comerciales de televisión y cuya formación viene de la escuela de cine propiciada por la Facultad de Comunicación Social de la Universidad del Valle.

Moreno se obsesionó con una historia que le planteó, en el 2001, su amigo Alonso Torres, en la que, como en los clásicos, la venganza y la ambición lo enrarecen todo: Víctor Peñaranda (Marlon Moreno) y Eusebio Benítez (Oscar Borda) tienen cuentas pendientes con ‘El orejón’ (el fallecido Blas Jaramillo), uno de los hombres más poderosos del bajo mundo de Cali. El primero le robó una cantidad importante de dólares y el segundo, asesinó a uno de sus sobrinos.

En el hampa, los actos fallidos producen reacciones fallidas. Y ‘El orejón’ no sólo se venga con sangre y fuego, sino con un sufrimiento inexplicable, que viene desde el lado más oscuro de la brujería. Benítez empieza a morir lentamente, asediado por sus propios demonios, sitiado por el macabro sentimiento de ‘El orejón’. Sin embargo, Benítez no es el único que está maldito. En esa Cali decadente, de exuberante belleza popular, en la que transcurre la historia, todos lo están.

A una buena historia, potenciada con la asesoría del cineasta catalán Joaquim Jordá y pulida a lo largo de seis versiones, se sumó la dirección de actores. Un mes antes de que se iniciara el rodaje, Moreno se mudó a un hotel de baja categoría en el centro de Cali. Allí ensayaba con sus actores principales, allí los iba vistiendo con pieles de lobo, pero también con fragilidad y miedo.

Foto: Cortesía Antorcha Films

Foto: Cortesía Antorcha Films

Para el buen desarrollo de la película, les pedí a los productores cuatro semanas de ensayos antes de la filmación. El 95 por ciento de las escenas se ensayaron con sangre ”, le dijo Moreno a El Tiempo .

Desde el principio, pensó que uno de sus protagonistas debía ser Marlon Moreno, su amigo de la Universidad del Valle, con quien hizo su primer cortometraje y su primer comercial. Sin embargo, necesitaba al coprotagonista, que por demás debía ser negro. Moreno le mostró el guión a Oscar Borda, un actor con un repertorio bastante modesto dentro de la televisión colombiana. Cuando lo leyó le dijo: “Ese man soy yo ”.

Borda y Marlon Moreno también se hospedaron en el centro, pero en la misma habitación. Estuvieron juntos las 24 horas del día. Así se creó una especie de verdad entre los dos y así, Borda logró el mejor papel de toda su carrera. Ambos se ven reales, como ocurre con Paulina Rivas, una mujer desplazada de Bojayá (Chocó), que interpreta a Iris, la bruja aliada de ‘El orejón’.

La escogencia tenía sus riesgos porque de equivocarse, Iris podía convertirse en una caricatura; algo que sí ocurre con un personaje, en principio lejano a la acción, que insistentemente llama por teléfono a la habitación donde se hospedan Peñaranda y Benítez para preguntar por una mujer. El recurso refresca la dura acción, pero cuando el personaje aparece en escena decepciona por ser una mezcla desafortunada entre Frankestein y Forrest Gump.

Pero ese es un detalle muy pequeño dentro de una película que tiene muchos aciertos. Contundente desde la forma y desde los personajes, Perro come perro no solo contó con algunos de los talentos del medio en el país, como el caleño Juan Carlos Gil, en la dirección de fotografía, sino con una productora que permitió a Moreno hacer la película que él quería: una historia universal desde Cali.

¿Si esta es la primera, cómo serán las próximas?

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