Carolina Guzmán

Carolina Guzmán

Carolina es una pelada súper ‘pila’ de 22 años que después de graduarse de economía e ir hasta china de intercambio, se ha dedicado a dirigir la fundación Bella Flor. Le gusta el rock y viajar, pero su mayor afición son los niños de la fundación a quienes le piensa dedicar mucho de vida.

Foto:Cortesía Carolina Guzmán

¿Qué hace la fundación Bella Flor?

Bella flor es una organización sin ánimo de lucro, que trabaja para promover el desarrollo y mejorar la calidad de vida de 100 niños y sus familias, en los barrios bogotanos de Paraíso, Bella flor y Mirador, en Ciudad Bolívar. Empezamos a trabajar con los niños en agosto de 2002, y la constituimos legalmente en mayo de 2003. Lleva cinco años.

¿Qué problemas enfrentan estos niños?

Hay población desplazada, los padres no tienen educación, no tienen trabajos estables o buenos ingresos, por ende las condiciones de vida son bastante precarias. Un 50% de los niños habita en viviendas de piso de barro, paredes de tela o de madera, techo de lata, muchos viven en hacinamiento crítico. También hay presencia de actores armados.

¿Cómo te metiste en este cuento?

Mi mejor amiga de la universidad, Luz Ángela Rodríguez, me contó que había conocido a unos niños en unas condiciones muy difíciles y que estaba trabajando con ellos; a mí me interesó la idea y fui el siguiente sábado con ella. Ahí me enamoré de los niños y el impacto por las condiciones de vida fue increíble.

Desde ese momento Luz Ángela y yo empezamos a planear actividades, a invitar a más gente. Hicimos una brigada de salud, invitamos a otros amigos y con ellos fundamos la organización, después fue llegando más gente hasta convertirnos en lo que somos ahora.

¿Por qué te has interesado tanto en el trabajo con estos niños?

Desde que estaba en el colegio tuve la inquietud de dar un poco más en el día a día, por eso decidí estudiar economía, porque creí que a través de esa carrera podía generar un impacto importante en el desarrollo de comunidades. Sin embargo, mientras uno está estudiando todo está en los libros y en las letras y en la teoría, pero no tiene ningún contacto con la realidad. Entonces se me presentó esta oportunidad para hacerlo y pues la cogí porque era la forma de hacer lo que yo había querido toda la vida.

¿Qué ha sido lo más difícil de todos estos años en la fundación?

Lo más difícil es el trabajo con los padres, porque a pesar de que ellos muestran interés en todas las actividades de la fundación, siempre hay un poco de negligencia, hay una postura de que como yo soy pobre a mi me tienen que sostener, como yo no tengo entonces que venga otro a salvarme, existe esa postura y cambiarla ha sido un problema increíble. Pero de todas formas uno también recibe cosas buenas de ellos, como el agradecimiento y la colaboración.

¿Para vos, qué ha sido lo mejor de toda esta experiencia?

Lo mejor es ver a los niños felices. Verlos sonreír, verlos que están creciendo, verlos que pueden tener un almuerzo, verlos que pasan muy bien en el colegio, con buenas notas, con menciones de honor, es lo mejor.

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