#Clavitorial: Sin tiempo para cambiar

#Clavitorial: Sin tiempo para cambiar

Sin tiempo para cambiar

Sin tiempo para cambiar

Ser o no ser, esa es la cuestión

Pese a nuestra constante lucha por hacer de este caótico mundo un lugar más proactivo, y donde todos tengan espacio para construir y sembrar, la cotidianidad repartida entre citas, reuniones de trabajo, fracturas familiares, envidias entre conocidos y demás, se empiezan a convertir en una barrera que limita el paso de energía transformadora en pro de un bien común.

¿Cómo pensar en el bienestar de la sociedad cuando hay cuentas por pagar e informes que rendir? Entonces combatimos con nuestro ego, aquel equilibrio entre los deseos que tenemos y las reglas que la sociedad impone para que podamos convivir. Pero hay días en los que algunos se levantan con el ego apoteósico, entonces no importa cuántas personas se deben pisotear con tal de llegar a la cima, y en este nuevo mercado del narcisismo a raíz de las redes sociales y los llamados influenciadores, lo que importa se basa más en la cantidad de seguidores y likes que una persona pueda obtener en un par de minutos, que la esencia misma de ese ser y aquello que pueda aportar.

Ojalá nos despertáramos con ganas de amar más al diferente, de por un instante dejar de ser egoístas, incluso con nosotros mismos, pues con una mala actitud consigues únicamente alejar a todo aquel que te rodea, y te pierdes la oportunidad de enriquecer el contenido de tu mundo y restarle valor a la forma, esa cegadora que dispersa y nos hace perder.

Cuando pesa la conciencia

Llega siempre un momento en la vida donde resulta oportuno recordar aquello que hicimos y también aquello que se quedó por hacer. Los amores que llegaron y los que se fueron, las nuevas oportunidades de trabajo o los giros inesperados que hicieron que abandonaras aquello que pensabas era tu futuro. Sentarse y ver hacia atrás nos obliga necesariamente a autoevaluarnos y sentirnos incomodos con nosotros mismos.

Es ese, el momento perfecto para hacer la llamada que creías imposible y pedir perdón por lo que sabias era tu responsabilidad, pero preferiste aquejarle a otro, o para decir te quiero a quien está dispuesto a escucharte pese a que tú nunca le preguntes ¿cómo estás? Y no es una cuestión de cursilería o manuales de superación, se trata de no dejar todo en propósitos y que, con la llegada repentina del cargo de consciencia, no deje tras su paso, a la misma persona de hace unas horas, refunfuñona, neurótica e impaciente. Sin cambio, ni mejoría alguna, quizá porque se piensa que no hay tiempo para ser mejor y que si se ha vivido por tanto tiempo así y nadie ha muerto, entonces no hay razón para ser diferente.

Se nos acaba el tiempo, sí, llevamos un reloj interno que no para, y cuando menos te des cuenta, probablemente la vida haya pasado y así mismo, hayas perdido lo que le da sentido al tener y al existir. Pregúntate ¿a quién quiero sosteniendo mi mano antes de morir? ¿A quién le debo un te amo? ¿Qué cosas me están haciendo daño? ¿Tengo tiempo para ser mejor?

 

Escrito Por: Estefania Chingual Lopez.

claverto

Caricatura por: Juan Homez.

 

 

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