Cómo ganarse un chico de billar

Cómo ganarse un chico de billar

Foto: Lina Botero

El letrero dice SEX. Me equivoco, en realidad dice UNISEX. El aviso de neón además de dañado, miente; al entrar me encuentro con un montón de ojos masculinos. La mayoría son hombres con sus palos en la mano que murmuran cosas a mí paso.

Lo primero es escoger la mesa. No. Lo primero es la cerveza que uno se llevará al pie de la mesa y que, en mi caso, me ayudará a convivir un poco con el oso de la novatada. Un hombre joven se ofrece a ayudarme:

-¿Billar o billar pool?-

-La de huequitos-

“Tazzzzz”, da él el primer golpe y las 15 bolas de colores se dispersan. Mi turno. No puede ser tan difícil: ubicar la bola blanca,  situar la bola objetivo, recordar las ocasiones en que jugué billar pool —en computador—, trazar una línea punteada imaginaria de la dirección deseada, calcular la presión del disparo, disparar y… ver cómo la bola blanca salta penosamente y después se va directo a un hueco. FAIL.

Quién iba a decirlo, agarrar el taco tiene su ciencia. Es importante la posición de los dedos para definir la precisión del tiro. Mi guía, que es muy paciente, primero me explica mientras él dispara, después de varias risas, sorbos de cerveza y aclarada información básica como nombres y ocupaciones, me explica situándose detrás de mí para que aprenda la posición y  forma correcta de coger el taco; también me explica que hay bolas  ‘calvas’ y ‘peludas’ o ‘lisas’ y ‘rayadas’. Me pongo más roja que la bola 3, que es lisa.

Con el paso de los minutos ya no da tanta pena deslizarse un poco encima de la mesa si es necesario, o esos tiros fallidos donde la blanca le da a todas las bolas menos a la que uno le quería dar. De repente llega el “chiripazo” y termino “enchoclando” algunas. Siiiiiii. Dan ganas de gritar “goool”.

—Muy bien—  dice él. — ¿Si ves? sólo es cuestión de práctica, si quieres sigues viniendo y yo te sigo enseñando… si quieres ¿no?…  Sonríe, sonrío, ambos con cara de bola 3.

El juego ni siquiera ha terminado, he jugado muy mal y el billar no es lo mío, pero tal parece que al menos por hoy  me he ganado al chico, digo, el “chico”. ¡Gol!

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