De Paella Mixta a Espaguetis (Con arroz)

De Paella Mixta a Espaguetis (Con arroz)

Ilustración: Johann Aranzalez

Los colombianos tenemos nuestro propio lenguaje, somos dignos representantes de la creatividad, nos encanta usar diminutivos como si todo fuera insignificante; no falta una que otra palabra ‘extranjera’ que saque el gringo que llevamos dentro y en ocasiones somos incapaces de terminar una palabra al pronunciarla. Tenemos la capacidad de adoptar uno que otro término y convertirlo en uno nuevo; yo soy fi el usuaria de nuestro queridísimo idioma ‘Chibchombiano’, algunas palabras son parte de mi esencia, es inevitable que salgan como vómito verbal.

Las ‘vacas’ pasadas conocí a Flora, una chica española que venía de intercambio; como la vi tan solita decidí que sería su guía durante el semestre. La llevé a mi casita y la senté en la

mesita para brindarle algo de comidita, pero al parecer no le gustó mucho lo que le sirvió mi abuelita, pues puso cara de asombro cuando vio los espaguetis con arroz, que le pusimos encima del individual de navidad, que aún no quitamos porque a mi mami le parece encantador.

Justo cuando Flora se disponía a probar de nuestro delicioso manjar, entró mi primo el bacán con una chuspa que tenía media de pollo asado y media de apana’o, con papitas y maduro asado; quise preguntarle a la española si quería una presa para acompañarla con su ya servida comida, pero Rosa, nuestra muchacha del servicio, se adelantó y le dijo: ‘sumercé quiere ala asada o apanada’, sentí algo de vergüenza, pero qué carajos, si ella iba a estar un semestre en

Colombia tenía que acostumbrarse a hablar y comer de todo.

Pero como si no fuera suficiente la vergüenza, con Rosa y los individuales de papá Noel o como le dice mi prima la gomela ‘el gordis Claus’, mi primo el bacán se sentó en la mesa y la miró de pies a cabeza. Ya me conozco a ese man, cada vez que mira a una vieja así es porque quiere un entuque. Y como la vio española y con cara de morronguita, pensó que era perfecta, sacó sus tácticas de conquistador y la saludó muy efusivamente: ‘Mucho gusto bizcocho, Jorss Maicol Londoño, pa´servirle mamasita’. La chica lo miró con cara de sorpresa, frunció el ceño y lo bajó de la nube tan rápido que no pude soportar la risa y casi me hago chichí.

Todavía quedaba casi toda la comida en el plato de Flora cuando Maicol ya estaba chupando los huesos del pollo, lo miré tan mal que se paró de la mesa rápido y se marchó a ver uno de esos conciertos de Jorge Barón, le cuchichié a Flora: ‘casi que no se abre del parche’ y me reí de nuevo. Terminada la tarde Floris,  ya se iba de mi muy colombiano hogar; no sé qué le pasó pero después de ese día no volvió ni a saludarme, yo creo que el pendejo de mi primo la asustó con su nombre colombogringo o Rosita con sus trencitas, pero si fue nuestro Chibchombiano hogar con su lengua particular, salada como maní, así somos los parceros colombianos.

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