Bajo el Telón

Bajo el Telón

En la profundidad de tus laderas; se proyecta una mirada que se extiende y se convierte en los farallones. Surcando tus aguas que corren tiempo e historias, arrullándote cada tarde con ese viento y voces lejanas, te desnudas y brillas ante el sol. Es así nuestra mirada testigo de un espectáculo propio de esa belleza y sencillez de lo cotidiano y popular, a su vez muy ajeno a esa muchedumbre poseída por urbanidad.

 

Fantasmas de viajeros rondan a través de tus hojas y de aquellas sombras, plasman sus huellas en el barro, se mimetizan en el espacio; exploradores, aventureros, caudillos de guerra que alguna vez posaron su sudor en estas tierras. Poco a poco fue figurando en su dominio la humanidad y sus matices. Aquellos hábitos propios de una tribu y sus rituales, aquellos baños purificadores de culpas y pudor. El aire fue adoptando un sabor propio de las manos, de las matronas y su

 

labor, y este se fusionó en el caldero y su ardor, su vapor, su olor. Y gritaban: ¡Majestad labrador!, señor y dueño de los frutos del camino, soñador detrás de lo vidrioso y cristalino, ofréceme de lo carnal y tentativo de este mundo.

Son sus guerras ahora dueñas de un paisaje, de un sentido supersticioso hacia tu verdadera belleza, de un imaginario que amarra y entierra. Mas tu magia embeleza hasta el más ingenuo y abatido de los gobernantes, simplemente los llena de tu espíritu, pance.

 

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