Estudiantes Viajeros

Estudiantes Viajeros

Fotografía: Archivo personal

Cuando tenía 20 años decidí irme a estudiar a la Universidad de Montreal. Estaba en séptimo semestre de la U, estudiaba filología francesa y me di cuenta de la importancia que era el idioma inglés en la actualidad. Viendo hacia atrás creo que es una de las mejores decisiones que he podido tomar, considerando lo mucho que me ha servido en el trabajo.

Pensé que irme a vivir a otro país iba a ser difícil, pero la verdad fue el mejor año de mi vida. Primero porque en la ciudad se hablan tanto el inglés como el francés y ambos idiomas me interesaban. Segundo porque cuando llegué estaba finalizando el verano y se me hizo muy fácil la transición. Además porque los montrealeses son increíblemente amables con los extranjeros. En varias ocasiones me indicaron dónde quedaban distintas partes de la ciudad sin que yo les preguntara, pero creo que mi condición de “perdida” la demostraba el mapa gigante con el que caminaba siempre… ¿o tal vez la expresión de mi cara mientras trataba de ubicarme entre los edificios?

Pero lo que más me gustaba de la ciudad fue la multiculturalidad. Había gente de todas partes del mundo: brasileños, chinos, argelinos, vietnamitas, estadounidenses, finlandeses, canadienses, mexicanos, quebequenses, franceses, marroquíes, italianos, suizos, ingleses; y constantemente habían actividades culturales: los festivales de verano (el Festival de Jazz, les Francofolies), el Igloofest, La Nuit Blanche, Cabane à sucre y la Saint-Patrick, para mencionar solo algunos. Para rematar, durante el tiempo que estuve allá, hubo tres funciones diferentes del Circo del Sol ¡simplemente espectacular!

La ciudad apoya mucho el arte y la cultura. A los estudiantes universitarios internacionales nos dieron derecho a una semana de entradas gratis a todos los museos en septiembre. El conocer tantos lugares y ver tantas cosas fue lo que más disfruté: fui a Mont-Royal en otoño, hice deportes de invierno, conocí nuevos paisajes en Quebec, fui a todo tipo de discotecas: Irish pubs, discotecas latinas, discotecas de música electrónica, bares donde tocaban bandas de rock, etc. También degusté platos de todas partes del mundo, a precios increíblemente bajos.

Fotografía: Archivo Personal

Debo decir que no pasé una sola noche aburrida en mi casa, siempre había algo qué hacer, de domingo a domingo…

En cuanto a la Universidad, el nivel académico fue excelente y realmente hacían muchas fiestas para integrar a los 2000 estudiantes internacionales de la Universidad de Montreal (el 10% del total).

Al inicio era muy tímida con el inglés, sentía que la iba a embarrar y ¡qué pena! así que me comunicaba principalmente en francés. Sin embargo, poco a poco, y rodeándome de gente que hablaba todo el tiempo inglés, le fui perdiendo el miedo al asunto. ¿Cómo no hacerlo? Si cada vez que salíamos encontrábamos gente de todo el mundo y el idioma en común era el inglés. Eso lo hizo especialmente fácil y divertido.

Cuando terminó el año académico no quería regresar a Colombia, pero finalmente regresé contenta porque siempre quedarán los magníficos recuerdos de todo lo que viví allá… Je me souviens

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