La chorrera del indio

La chorrera del indio

Sin duda Uribe la vio negra con las protestas de los corteros, los tumbados de las pirámides y los trabajadores de la justicia. Pero para completar, a los indígenas les dio por marchar a Bogotá sin que Uribe pudiera impedirlo. ¿Será porque estas comunidades le estaban ‘haciendo la vuelta’ a la guerrilla?

Primero que todo, la minga (movilización de resistencia) que salió del Cauca no es un simple movimiento social que se armó espontáneamente en Facebook, sino una manifestación de comunidades que tienen claro qué necesitan para mantener su estilo de vida: derechos, territorio y protección de su cultura.

Comenzando por los derechos, la Constitución de 1991 les consagró unos muy bonitos, pero los indígenas poco los han visto en su vida cotidiana. Peor aún, cuando la ONU aprobó la Declaración Universal de los Derechos Indígenas el único gobierno latinoamericano que no votó a favor fue… ¡Cooolooooombiaaaaa! Se abstuvo por el artículo 30 en que “no se desarrollarán actividades militares en las tierras o territorios de los pueblos indígenas” excepto en circunstancias muy específicas. Lástima que dejamos de comprometernos con un conjunto de derechos colectivos políticos, territoriales y culturales que protegen a los indígenas, pero hay que entender que con tanta violencia el Gobierno no quiera territorios donde el Ejército no pueda entrar.

Por el lado del territorio, los indígenas lo piden porque para ellos la tierra es inseparable de su cultura, no sólo como fuente de subsistencia sino como parte de su identidad. Pero a esas tierras les tienen ganas desde grandes poderes económicos como los ingenios azucareros, hasta narco-para-guerrilleros que quieren refugiar allí sus tropas, cultivos y laboratorios de coca. Uribe prometió comprar para los indígenas las 5.000 hectáreas que se les deben desde gobiernos anteriores, pero no les pudo resolver sus otras demandas, como la imposible de darles los recursos del subsuelo. El lío está en que de dárselos, cualquiera que descubra petróleo debajo de su finca podría alegar también que eso es de él y dejarnos a los demás viendo un chispero. Por eso la Constitución establece que la riqueza del subsuelo es de todos los colombianos (indígenas, negros o criollos) y ordena que el Estado la administre en nuestro nombre. Uribe prometió cuadrar con ellos tarifas preferenciales de regalías por su explotación, pero aun así la chorrera llegó a Cali.

Además, piden protección a sus conocimientos ancestrales, los cuales se estrellan contra los intereses de transnacionales que patentan cuanto bicho, planta o uso medicinal se encuentren y que esperan que el Gobierno defienda en el TLC. Pero según el líder indígena Feliciano Valencia, no se oponen de plano al TLC (que impulsaría varios sectores de la economía) sino que piden que se les consulte antes de negociar. El Presidente no tuvo cómo resolverles en Cali y la chorrera de más de 12.000 indígenas llegó a Bogotá el 21 de noviembre.

En conclusión, el que los indígenas estén organizados desde hace más de cuarenta años y el peso de estas demandas hace difícil creer que la minga se debiera exclusivamente a que estén siendo infiltrados o manipulados por las Farc. Más probable es que se debiera a la malicia indígena de quienes saben que un gobierno que aspira a un tercer mandato de cuatro años no va a tener a quién tirarle la papa caliente.

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