Se hizo lo que dijo el profe

Se hizo lo que dijo el profe

No me gusta el fútbol, y tengo razones personales y generales para que no me guste. Para empezar no tengo noción, no crecí viendo partidos de fútbol con mi papá, nunca lo vi alentando con furia a un equipo y en la infancia no me metieron a una escuela de fútbol. Sencillamente mi papá no es futbolero, no es hincha de nadie, debe ser un paquete completo para jugar. Y yo, pues heredé esas características.

Mi gran problema con el fútbol empezó en la primaria, y todo gracias a un frustrado futbolista, convertido en profesor de educación física que basaba su clase enteramente en el fútbol. Para ese entonces yo ya era un tronco, o mejor dicho, había nacido siéndolo. Esa clase me hizo sufrir; tanto, que en una evaluación bimestral teníamos que salir frente a todo el curso a demostrar nuestras “habilidades con el balón”… ¿¡Se puede imaginar el oso tan malparido!?

 

Pues yo no quería imaginármelo y mucho menos protagonizarlo, así que faltando dos personas para que me tocara el turno de demostrar mis “habilidades”, me volé de la clase para la cafetería a pensar en la madrecita del profesor y claramente perdí la materia.

Algún tiempo después de eso, tuve una sorprendente época en la que decía ser hincha del Deportivo Cali… Me veía los partidos, estaba medianamente enterado de la alineación del equipo, tenía manilla con escudo comprada al hippie de la salida del colegio. El tema me duró como dos años; fue la época del subcampeonato en la Copa Libertadores, cuando “perdimos” por pénales contra Palmeiras. Ahí me desentendí del equipo. No me gusta perder, mucho menos que otros pierdan por mí, así que a la chimba el fútbol.

Una vez estando por fuera del país me preguntaron – ¿Usted es colombiano y no le gusta el fútbol?– ¡No pues! ¡Ni que no nos cupieran las copas mundiales! De hecho tiene muchísimo sentido ser colombiano y no gustar del fútbol. A propósito de las copas mundiales, pues a ellas no nos hemos ni acercado, no sólo porque la competencia sea dura y nunca hayamos podido avanzar más allá de unos octavos de final, sino porque sólo hemos ido a 4 de 19 mundiales. El colombiano que nació después de 1998 nunca ha visto a su país jugar un mundial, hay una generación entera que sólo ha visto a su selección fracasar… ¡Eso es muy triste!

Además de ese detallito, en Colombia lo narcos han patrocinado equipos, a un jugador lo mataron por hacer un autogol; los protagonistas del fútbol proponen moralejas como: ‘perder es ganar un poco’; rechazamos ser anfitriones del mundial del 86; nuestros jugadores son estrellas en el exterior pero petardos con la tricolor; llevamos 19 años comiendo con un 5-0 al que le celebramos hasta aniversario, ¿Ya se nos olvidó el 9-0 que nos metió Brasil? Estamos tan acostumbrados a perder y tan poco a ganar.

Afortunadamente, el deporte nacional en Colombia, por ley, es el tejo. Hablaría muy mal de nuestra nación que con ese pésimo historial fuera el fútbol.

PD: No recuerdo haber hecho un solo gol en mi vida, pero llené todito el álbum de los SuperCampeones y si entendiera qué es un “fuera de lugar” de pronto el cuento sería distinto.

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