Ser mujer en la ciudad de las biseladas

La historia de Berenice Helen Brito

Ser vieja es difícil. Ustedes se creen la gran chimba, literalmente. ¿Porque tienen falo y algo de fuerza bruta, qué? La barba y los pelos faciales si me los envuelven. Si hay algo que resalto de mi feminidad es tener el rostro terso, eso que a duras penas uso jabón de avena. Mi mamá siempre estuvo encintada durante mi adolescencia, en la jugada como la mayoría de las cuchas. “No vaya a cagarla y meter las patas como yo, los muchachitos muy lindos… pero ajenos”, me dice aún. Me gustan los hombres con carácter. Que no se amilanen, que respeten y que no se las vengan a tirar de chimba.

Los pelados son los parceros, con ellos me poncho vacilada. Ellos ya la tienen clara conmigo. No se confunda con la india pri, una hembrota, pero vaya equivóquese y le casca”. Al primero que le zampé su totazo fue a la chinga, andaba muy animado y ya me quería mandar la mano. Y yo niéguele y niéguele el pico; ¿se sobre entiende sí o qué? Si estoy esquiva no hay tavuel, aborte y disimule.

Me desarrollé temprano, ¿me entienden? De peladita un exnovio de la cucha intentó meterme mano varias veces. Al principio callé, me invadía el miedo. Luego me di cuenta de que era un cobarde y le zampé un mordisco en la mano. Quería vomitar, pero a la vez arrancarle el pedazo.

El machismo es la moda y yo tengo mis defensas. Lo ha sido siempre, ¿O no? Hay mucho reggeaton, me entienden. Conmigo no ganan de verguita, pirobos. ¿Figura paterna? Tuve la figura de mi madre, su verraquera y su firmeza. Ella me ha enseñado lo más valioso: respetarme como mujer. “La dueña de su cuerpo es usted mijita, y si no lo cuida usted, ¿quién?” Veo muchas barriguitas por acá en la cuadra, niñas que esperan niños. Un momento de arrechera y tome, a cambiar pañales. Hace un mes perreaban y tin… tome su bendición. Complicado el asunto viejo tal.

Yo estuve de buenas con la cucha que me tocó, pa que. Y ahora que estoy camellando me tocó una jefe, una bacansota. La ingeniera maneja esta bodega con firmeza, con respeto. A veces los pelados de la cuadrilla se le quieren pasar por la galleta, pero ella se les para en la raya y los putea, sin miseria. Me ha alentado para que estudie, cada vez me suelta más responsabilidades y me enseña en los pocos ratos ociosos que tiene a calcular la capacidad de la bodega, ver la mejor manera de distribuirla; incluso ya le estoy cacharreando en forma al Excel.

Ahí vamos parcero, mostrando que podemos mover un palet, que podemos ser firmes y delegar, que si queremos pichar pichamos, y si decimos que no, es que es NO. Como dice la ingeniera, “No hay bendiciones, hay estupidez sexual y embarazos no deseados, Berenice”.

Mujeres verracas, guerreras como mi cucha o la ingeniera son referencia. Tal vez si algunas de las peladas del colegio hubieran tenido la suerte de encontrarse con mujeres como ellas no estarían cambiando pañales o desesperadas por meterse bisturí y conseguir un mancito que las mantenga. Tal vez estarían coordinando la próxima descarga de mercancía en otra empresa de esta ciudad.

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