#Temática: Como dijo mi papá: los abandono pero volveré

#Temática: Como dijo mi papá: los abandono pero volveré

Como dijo mi papá: los abandono pero volveréComo dijo mi papá: los abandono pero volveré

Lo que no cambio de mis 90´s en el pueblo

La deja salir a jugar? Vamos para “Colaegurre,” (barrio popular de mi pueblo) escuchaba decir cada tarde a mis amigos. Yo, rebelde e irreverente como siempre, me iba sin permiso (¿y cómo no creerme república independiente, si crecí viendo la Power Ranger rosa, Xena Princesa Guerrera, Bellota de las Chicas Superdoderosas y Saori Kido de los caballeros del zodiaco?). Jugábamos escondite, ponchado, bolas, tasos, competencias en patines de cuatro ruedas y mi preferido, el fútbol callejero (aún lo practico). Esto hacía parte de nuestro ritual diario: para el calor un bolis y en la noche las historias de ultratumba.

La primera responsabilidad que tuve en mi vida fue cuidar un Tamagotchi y se me murió de hambre, ¡pero qué podía hacer! Mi tía Maruja me desconectó por completo para sacarme piojos chantajeándome con Motitas, Bubbaloos y Supercocos, mientras escuchábamos a Selena diciendo que el dinero no importa en el corazón y a Jarabe de Palo pidiéndole un beso a la flaca. A propósito de música, qué nostalgia me da pensar en la chiquiteca de Polanco, donde El Tiburón de Proyecto Uno y el Osito Dormilón del Binomio, eran los anfitriones. Para ir a “chiquitequear” tenía mi pinta preferida: blusa y accesorios de Merlina Mujer Divina, falda de La Caponera y Botas de Paquita Gallego, imposible olvidar esas tardes de buena música, Frutiño, crispetas y amigos.

En un vago recuerdo escucho a mis hermanas pausando la grabadora mientras escribían Mariposa Traicionera, Collar de Perlas Finas y hasta Molinos de Vientos, con el arco fruncido que tenían por ceja, exclamaban ¡ayyy Dios, que no se enrede la cinta!

Sin miedos

Ya en el Gimnasio, colegio de mi pueblo, llegó la época de los tatuajes, debo admitir que solo usé los que venían gratis en los chicles y que decían daban cáncer. Tener el cabello corto y tinturado junto con las uñas largas pintadas con Liquid Paper eran sinónimo de pubertad, esa que me inspiró cartas de amor en letra Timoteo escritas con lapicero siete minas, para el CHÉ que me traía loca.

El chancuco, tín tín corre corre, pico de botella, escondite americano, stop y hasta los piercings de oreja y ombligo fueron la máxima expresión de adrenalina en mis 90´s. Con chanclas de caucho y compañeros de andanzas, cazaba mariposas río arriba, al llegar al charco repartíamos la comitiva, pescábamos, jugábamos lleva y fingíamos ser Orlando Duque (aún sin conocerlo) ¿Qué noventero citadino tuvo esa oportunidad a los quince años? Por eso amo mis noventas pueblerinos.

Soñar

Pasar vacaciones en la casa de mi abuelo escuchando Radio Calidad, Los Adoloridos, montar caballo a pelo con mis primos y hacer túneles en la tierra para jugar con esa colección de carros mini ¡fue lo máximo! Sin mencionar las navidades en las que se mataba marrano y con ansias esperaba mi juego de ollitas de lata (siempre supe cuál sería mi aguinaldo), los domingos de misa y helado, las tardes de primas jugando Jazz y las aventuras junto a mis hermanas mayores, marcaron mi vida y me hicieron esta persona.

Lo fascinante de esa década no se fue o más bien no lo quiero dejar ir. Aún tengo los pies descalzos, el corazón partido, sufro porque Laura no está, pero lo importante es que estoy aquí, rica y apretadita deseando vivir la vida loca con música ligera y encontrar enanitos verdes. Aún conservo mi mejor amiga, ella sabe que siempre estarán en mí esos buenos momentos que pasamos: sigo viendo Pokémon, Aventuras en Pañales y Tom y Jerry con mi hija, esperando influenciar su existir con la maravilla de los 90s.

Como dijo mi papá: Hoy los abandono, pero volveré…

 

 

Escrito Por: Maria Yulieth Ruiz.

Ilustración Por: Alejandro Zapata Rivas.

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