#Temática: Infortunado destino

#Temática: Infortunado destino

 Infortunado destino

Infortunado destino

Porque lo que uno cree va a pasar, pasa al revés

Por cuestiones de trabajo visito muchos clientes y asisto a la mayoría de fiestas de fin de año a las cuales me invitan. El diciembre pasado, en una de ellas, Doris, la Secretaria del Gerente, me imploró para que le comprara las dos últimas boletas (la 0000 y la 6666) que le quedaban de la rifa de un Mazda 2 cero kilómetros. ¿Cómo no comprarlas? Ella me consigue las citas con su jefe, me ayuda con el pago de los honorarios, consigue el tinto recién hecho, en fin…no me pude negar y le compré (me tocó) las dos boletas. Aquel gasto no estaba en mi presupuesto de ese diciembre, y no eran nada económicas: $150.000 cada una.

El 25 de diciembre empezó la Feria de Cali y con ella, la gastadera de plata: Salsódromo, Delirio, Toros, conciertos, remates, etc…y yo con $300.000 menos en el bolsillo por culpa de esa rifa. Pero hice el esfuerzo y me gocé la feria completa.

Al final, en las Tascas y ya seco financieramente hablando, un amigo me prestó $200.000, dado que en esa borrachera yo invité la última botella de guaro, la de “pa´ irnos”. El dinero me lo pasó a escondidas Ricardo, mi amigo, para que mi nueva novia no se diera cuenta. Yo estaba estrenando pareja: Patricia, divina, llevaba tres meses detrás de ella para que me aceptara una invitación a salir, y lo logré. Ella recientemente había terminado su relación con un tenista muy famoso en Cali, según dijo, porque al tipo no le gustaba la rumba. Por eso yo no escatimé en gastos y rumbeamos desde el 25 de diciembre hasta el 30, sin parar ni un solo día…y yo corto por culpa de las boletas de la rifa del carro.

Sin deudas y sin fortuna

El 31 de diciembre, con el guayabo acumulado de todos esos días de farra, en el almuerzo mi madre dijo que uno no debía cerrar el año con deudas que no hubiesen sido adquiridas para inversión, porque de lo contrario, estaría todo el año entrante endeudado por “pendejadas”. Por ello, llamé a Ricardo, y le dije que nos encontráramos para pagarle. Le ofrecí $50.000 que me encontré en un pantalón que hace rato no me ponía y una de las dos boletas de la rifa del carro. Claramente, las puse al revés para que no viera los números y no tuviese oportunidad de arrepentirse. Le toco la 0000, aquella que a regañadientes aceptó.

El 7 de diciembre a las 9:00 de la mañana, me llamó Patricia y me dijo que era mejor que terminemos porque había decidido regresar con su novio el tenista, y llevar una vida con menos rumba, y para rematar, también me llamó Doris, a decirme que el carro se lo ganó la boleta N° 0000, por supuesto, que me felicitaba por ser el nuevo propietario.

 

 

Escrito Por: Giancarlo Ferrari.

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