#Temática: Lo que nunca te dije

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lo que nunca te dijeLo que nunca te dije

Carta a quien le corresponda

“Uno es feliz hasta que la caga de cierta forma, luego no hay manera de recuperar eso que uno era antes.” – Juan Gabriel Vásquez

La cagué. Hasta el fondo y sin retorno; una metida de patas monumental, con una única responsable: la persona temporalmente miserable que escribe aquí. Sí, nunca se trató de él, ni de sus inseguridades, sus celos o su incapacidad para comunicarse; siempre se trató de mis justificaciones y las excusas que me decía a mí misma para darle licencia a su silencio.

Y es que es tan fácil perder la dignidad. Uno que se llena la boca de feminismo e igualdad de género, y termina siendo una Penélope más de cualquier historia de tres pesos, que espera pasivamente a que al susodicho se le dé la gana de amar. Sí, esa soy yo; y no, no lo seré para siempre; pero duele, sí, como el putas. No duele el corazón, porque el corazón entiende; duele el ego, duele el lugar perdido, o en mi caso, nunca reconocido. Duele darlo todo, y que no sea suficiente, o tal vez, entender que no fue la manera.

Lo permití

Espero que él me perdone por dejarlo ser de la manera que fue conmigo. Por pedirle y esperar un lugar cuando ni yo me lo di en mi propia vida. Por poner sus necesidades emocionales por encima de las mías. Por faltarle al respeto cuando yo no tenía ni una pizca de reconocimiento hacía lo que valía como mujer. Por dejarlo jugar con mis tiempos, ser permisiva y creer ciegamente lo que ya había visto y sabía. Pido perdón por malacostumbrarlo a una relación donde el esfuerzo no era equitativo; por permitirle pensar que siempre que él cayera, yo por más desconsolada que estuviera, siempre iba a estar ahí para él. Pido perdón por no cuidarme, quererme y construirme para poder darle lo mejor de mí y no mi tristeza, mi ansiedad y, según él, ‘mis ganas de morirme’.

Pido perdón por aburrirlo con mis planes incompatibles, por no haberlo dejado tranquilo para buscar individuos dispuestos a compartir mi mundo, mis amigos, mi amor por los animales y esas ganas tan terribles de ir a la playa a dar besos desde el ocaso hasta el amanecer. Pido perdón por cagarla tanto y me declaro responsable de todos los daños y perjuicios de la relación, con la esperanza de lograr una segunda oportunidad, y de volver a reencontrarme conmigo misma.

Si algo entendí de este desamor, es que siempre, de una relación tóxica, queda todo por aprender.

Escrito Por: Laura Ballesteros.

Ilustración Por: Oscar Lozano.

 

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