Lo que muchos callan y al mismo tiempo desean obtener.

Por: Jonathan David Tangarife Quintero

“¡Libertad!”, grita mi cuello.
“¡Libertad!”, gritan todos.
“¡Libertad!”, grita el siervo y el dueño.
“¡Libertad!”, grita el esclavo mientras se pela los codos.

Libertad, ese sueño inalcanzable,
Ese anhelo de escape inquebrantable.
Las ganas de irse sin mirar atrás,
El deseo de quedarse sin importar nada más.

Me envalentono y pienso que es posible,
Agacho cabeza y acepto que es una utopía.
Amaría materializar lo que pienso que es probable,
La vida me frena y me dice “es por tu bien”, qué ironía.

Veo la libertad en los ojos del pobre,
Y percibo esclavitud en la mirada del rico.
Solo es libre aquel que nada tiene,
Y esclavo es quien desea todos los bienes.

Solemos ver la libertad en las manos de quien amamos,
En realidad de esa manera nos esclavizamos.
Si el amor existe, la libertad también,
Si el primero es tan difícil de conseguir, para la segunda solo queda el desdén.

Sí, hay que luchar por lo que se quiere,
Pero en el ser humano abunda la fragilidad.
Es imposible ser quien no eres,
Así que solo queda caminar hacia la felicidad.
En ocasiones pienso que no hago las cosas bien,
Miro hacia atrás y parece que no es así.
Respiro hondo, sigo en pie de lucha.
Agarro la toalla, dejo de pensar y salgo de la ducha.