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#MartesDeClavianos – Nelson Veloza Torres, el ángel de la Pontificia Universidad Javeriana Cali

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Entrevista al director del Club de Lectura de la Pontifica Universidad Javeriana Cali

Hace más de dos años que pertenezco al club de lectura literaria de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. A partir del primer día que pisé el club, me llamó fuertemente la atención la capacidad argumentativa, la comprensión lectora y el bagaje de lecturas literarias que ostenta Nelson Veloza Torres (director y creador de este espacio intelectual). Nelson es oriundo de la ciudad de Bogotá y desde hace cinco años reside en Santiago de Cali, un territorio que le abrió las puertas a nivel laboral permitiéndole así, desempeñar un trabajo muy importante para los estudiantes y los diferentes facultativos de la comunidad Javeriana. Ésta encargado de coordinar y administrar las colecciones literarias de la biblioteca de dicha universidad. Además, dirige la línea cultural del CRAI (Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación) realizando diferentes actividades como por ejemplo; consolidar y administrar el club de lectura, conducir un podcast literario y co-ayudar en exposiciones artísticas.  

Su formación académica  es envidiable. Se formó como sociólogo en la Universidad Nacional de Colombia, posteriormente se tituló como bibliotecólogo de la Universidad del Quindío y finalmente, se consagró como magíster en Investigación en Problemas Sociales Contemporáneos en la Universidad Central de Bogotá. 

Ahora bien, ya entrando en materia periodística, considero que la entrevista que van a leer a continuación, sin duda alguna, es una de las más interesantes ­–en términos educativos– que he tenido a lo largo de mi trayectoria como entrevistador. La pasión que manifiesta Nelson en sus ojos y en su voz cuando está trasmitiendo sus ideas, sus opiniones literarias y su visión frente al mundo sencillamente no tiene precio, valoré cada segundo de esta conversación. Espero fervientemente que los lectores puedan encontrarle un valor similar. Sin más dilación, disfruten de esta increíble plática.  

“El ejercicio más fructífero y natural de nuestro espíritu es, a mi juicio, la conversación. Encuentro su práctica más dulce que cualquier otra actividad de nuestra vida”. Michel de Montaigne (1553-1592).

Sección de preguntas sobre El Club de Lectura de la Pontifica Universidad Javeriana Cali

¿Cómo surgió la idea de crear y consolidar un club de lectura literario dentro de la Pontificia Universidad Javeriana Cali?

Bueno… Cuando yo entré a la Universidad Javeriana hace cuatro años, la biblioteca hizo un cambio dentro de su estructura administrativa, dejó de ser una biblioteca tradicional universitaria y pasó a convertirse en un centro de recursos para el aprendizaje y la investigación. Este es un concepto que se ha venido manejando en los últimos años; es un nuevo modelo de biblioteca universitaria en donde se le da mayor énfasis a la parte investigativa, artística y a la construcción de procesos. La biblioteca deja de ser entonces  un agente pasivo -por llamarlo de alguna manera- y se convierte en un agente un poco más activo en la formación pedagógica y educativa de sus usuarios. Entonces, cuando la Biblioteca pasa a ser CRAI, se decide que se va a formar una línea cultural. Y a mí me preguntaron si yo estaba interesado en coordinarla. Dentro de mi experiencia como bibliotecólogo, tuve la oportunidad de dirigir una biblioteca pública y estuve muy ligado a todo el tema cultural en ese momento. En ese sentido, me interesó mucho la oferta y les dije que sí, que me llamaba la atención la idea de conformar dicha línea cultural, ya que en ese instante no existía.

Comenzamos con el club de lectura, que en un largo período, o al menos inicialmente, no fue muy exitoso, debo confesarlo. Nosotros lo hacíamos los jueves a las tres de la tarde. Eso fue en el segundo semestre del año 2018. Durante seis meses nadie asistía a las sesiones. Yo iba y me sentaba a esperar a la gente y nadie llegaba. Hasta que al final establecí que seguramente lo que estaba fallando era: 1. El tema de la divulgación y 2. El tema del horario. 

Después de eso, varias personas me dijeron que el horario era muy complicado porque se cruzaba con sus respectivas ocupaciones laborales. Para el 2019 se modificó el horario, las sesiones pasaron a realizarse a la una de la tarde. Desde entonces el Club empezó a despegar. En 2020, cuando comenzó la pandemia, el Club pasa a ser virtual, porque, evidentemente, era imposible ejecutarlo presencialmente. Y, a partir de este año, estamos mezclando la virtualidad con la presencialidad. 

¿Qué te ha parecido la experiencia de dictar las sesiones del club de lectura desde la virtualidad?

Ha sido un poco complejo.Generalmente al plantear una actividad de animación y promoción a la lectura, el cara a cara es muy importante. Porque el acto de leer no solamente se realiza con la voz, también se hace con el cuerpo. Cuando interpretamos un texto lo hacemos desde varias dimensiones, no únicamente con la oralidad. Por ejemplo, si hacemos los ejercicios de lectura de un texto en un formato presencial donde los integrantes están a menos de un metro, yo puedo ver la reacción del rostro de ellos cuando leen o escuchan un fragmento de un texto. En cambio, en lo virtual, se complejiza el asunto. Lo más complicado es la distancia; en algunas clases los integrantes no prenden las cámaras, eso hace que se dificulten las cosas, porque uno no sabe si la persona está prestando atención.

Sin embargo, hemos tenido una buena receptividad con el club de lectura virtual. Más o menos asisten un total de ocho personas. No es un grupo muy amplio, pero tampoco se trata de eso. Siempre he preferido elegir la calidad antes que la cantidad. 

¿Pertenecer a un club de lectura puede proporcionar beneficios intelectuales adicionales a los beneficios que genera la acción de leer en forma individual?

Lo que pasa en un club de lectura es que también se desarrollan ciertas cualidades argumentativas, también ayuda a generar sinergia frente a lo que se lee. Una cosa que nosotros hacemos hincapié en el club de lectura es que al momento de leer un pasaje de un libro siempre tratamos de articularlo con autores que hemos trabajado anteriormente. Eso te ayuda a estructurar mentalmente una cierta disposición hacia las cosas. 

La literatura también te quita prejuicios con respecto a situaciones mundanas. ¡Eso es algo maravilloso! Porque la literatura, de alguna forma, replantea la moral que nos tratan de imponer a través de diversos sistemas de pensamiento. Esta a nos plantea interrogantes éticos muy válidos, sobre lo que tu crees, y sobre lo que tú eres. En ese sentido, creo que el club de lectura ha permitido que nosotros como participantes (y me incluyo, porque puede que yo sea el coordinador del club, pero también participo activamente) replanteemos diferentes aspectos sobre nuestros propios imaginarios o prejuicios

Dentro de mis apuestas personales he procurado, al momento de hacer la curaduría, elegir libros que nos permitan ver la vida desde otras dimensiones que antes no abordábamos. Por ejemplo, este año estamos trabajando con una autora brasileña llamada Clarce Lispector. Ella es una escritora que habla de varias situaciones que no hacen parte de esa historia oficial o de esos grandes núcleos de pensamiento, sino que se centra en lo relegado -en Estudios Culturales se llama la subalternidad-

 Clarice Lispector en el cuento “Amor” hace una reflexión sobre lo que puede llegar a ser la crisis existencial de una mujer ama de casa. Si tú tal vez no estás participando en un espacio como un club de lectura o en espacios semejantes, es muy difícil que te pongas en los zapatos de una mujer que se dedica a cuidar y arreglar la casa. Esa es una de las esencias de un club de lectura: ponernos en los zapatos de otras personas e irnos de nuestras propias realidades. Al igual que entender que el sistema capitalista, patriarcal, o como lo queramos nombrar, para muchas personas implica una forma de resistencia, es decir, este es un sistema extremadamente desigual, en el que algunos pocos ganan, pero muchos otros pierden en varios sentidos, como económicamente y existencialmente, por ejemplo. De esta manera la lectura nos abre las puertas a realidades oscuras y marginales. Incluso el mismo canon literario también reproduce esos pensamientos. Hay grupos sociales que hasta ahora están cobrando un cierto protagonismo dentro de la literatura, como la población LGBTI. Por mucho tiempo este tipo de comunidades estuvieron silenciadas en todos los ámbitos de la vida social.

En conclusión, la literatura te hace sensible a ese tipo de realidades y un club de literatura es un lugar idóneo para tratar estos temas históricamente relegados. 

Para mí la literatura que toca temáticas subterráneas tiene un valor elevado respecto a la literatura que aborda historias hegemónicas…

La vida es una suma de circunstancias difíciles y de circunstancias amenas. Cierto tipo de literatura lo que hacen es simplificar la complejidad y la belleza de la vida. Desde mi perspectiva existe una literatura de fácil consumo, la cual está hecha para leerse fácilmente y, por ende, también se olvida fácilmente, y desde mi mirada esa no es la idea de leer literatura. Simplificar las dinámicas sociales a través de estás historias superficiales y planas producen un mensaje erróneo en la masa de lectores.  Las personas pueden llegar a asumir que las cosas que les suceden son por no haber luchado lo suficiente o porque no han sido lo suficientemente emprendedores, en fin… La pobreza responde a una condición estructural de la sociedad; la sociología lo ha mostrado: se necesitan muchas generaciones para que un ser humano pueda salir de la pobreza. Es por eso que yo concibo la literatura como una forma de resistencia. Hay libros en donde el autor no va a tomar una posición abierta respecto a su orientación política (no al menos aparentemente) pero cuando nos sumergimos en el libro, nos percatamos de que sea como sea existe una inclinación a una posición política. Y justo esa posición política puede implicar, en muchos casos, una resistencia a ciertos órdenes.  

Eso es algo que nos ha pasado en el Club de Lectura de la Javeriana: 1. Ese proceso de sensibilización que te comenté anteriormente. 2. El proceso de entender la complejidad de las vidas humanas y… 3. La comunión que se forma alrededor de una obra literaria.  

Para rematar, quiero citar una frase de Jorge Luis Borges acerca de lo que es la estética. Él dice que la estética es la inminencia de una revelación. ¡La revelación no ha aparecido, algo está por llegar! Y yo siento que eso es lo que pasa con los clubes de lectura: es la inminencia de una revelación. Algo se está revelando cuando leemos, no sé qué es, pero sé que va a llegar. Es decir, la lectura nos ayuda a comprender lo que se encuentra durmiendo en nuestro inconsciente.  

Siguiendo el hilo de la respuesta anterior, hay una inquietud que retumba en mi mente todo el tiempo y me gustaría compartirla contigo. ¿El ser humano puede acercarse a la realidad o llegar a conocerla a través de la literatura? 

Es crucial partir de un concepto básico y es, ¿qué podemos entender por realidad? Evidentemente el mundo externo ya nos plantea una realidad que comprendemos a través de los sentidos; lo fenoménico. Por otro lado, la realidad también corresponde a un constructo social. La realidad tiene unos fundamentos sociales, la forma como nosotros, los seres humanos, entendemos la vida, se deriva de una educación concreta, se deriva de tu grupo de socialización, se deriva de tu familia… 

¿Y el papel de la biología dónde queda?

Yo también soy consciente de que lo biológico marca la forma en cómo los seres humanos interpretamos el mundo. Las condiciones fisiológicas y hormonales cumplen un rol muy relevante al momento de interpretar el mundo. 

Ahora bien, adentrándonos en el tema de lo literario, yo creo que la literatura nos ayuda a conocer la realidad, y aún más a cuestionarla. Yo insisto, la literatura es un modo de resistencia. Un club literario, desde mi punto de vista, es un “pabellón” de resistencia. ¿Resistencia ante qué? Vivimos en un mundo en donde todo el tiempo estamos creando maneras de evasión; plataformas como Netflix, Amazon Prime, Disney Plus, entre otras, nos invaden hasta consumirnos por completo y el hábito de la lectura se pierde dentro de esa marejada de opciones. 

Hace poco estaba escuchando un debate sobre la importancia que tienen esas plataformas digitales para los ciudadanos occidentales contemporáneos. Si uno no se mete de lleno a ese universo digital, de alguna manera u otra, nos aislamos de las dinámicas culturales actuales.  

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, pero a lo que yo apunto es que, en medio de todas esas opciones culturales, los espacios, como los clubes de lectura, resultan focos de resistencia, porque nosotros apelamos a lo analógico. La idea es reconciliarnos con el libro físico, ya que los libros físicos están tomando cada día una menor relevancia. Yo como bibliotecólogo siempre he tenido un especial cariño por el papel, porque siento que es el formato perfecto para poder leer; se puede llevar en la maleta, no es necesario ponerle pilas o cargarlo por medio de una corriente eléctrica, etc. Y con esto no quiero decir que no sean importantes los dispositivos culturales digitales para entender parte de la realidad. Pero creo que no existe nada como la literatura para acercarnos a las motivaciones del alma humana (yo entiendo el alma como eso que trasciende de los seres humanos. No lo veo particularmente desde una perspectiva religiosa). A lo largo de todo el tiempo que ha existido la literatura, ésta ha hecho una profunda reflexión sobre lo que somos como seres humanos. En mi opinión, una novela de Dostoievski o un cuento de León Tolstói sobrepasa a plataformas como Netflix a la hora de comprender la hondura y complejidad de la vida humana. 

Ahora que hablaste de la resistencia que guardan los lectores análogos frente a las dinámicas frenéticas de consumo, me surge el siguiente interrogante: ¿Encuentras alguna diferencia a la hora de leer un texto digital a uno físico? 

Freud decía en Tótem y Tabú que los seres humanos tenemos una comunicación con los objetos. Él habla de objetos afectivos segurisantes. En este caso, los libros físicos nos transmiten seguridad por la relación corporéa-afectiva que conservamos con dicho objeto, pues es capaz de transmitirnos diversas emociones, logrando así, consolidar una relación casi inquebrantable con ellos.  ¿Estás de acuerdo con esta premisa? 

Tengo que admitir que no soy un usuario de este tipo de tecnologías al momento de hacer una lectura. Me considero un hombre muy tradicional. Me gustan los formatos físicos por una razón en particular: cada día es más difícil conseguir libros impresos. Aquí en Colombia es una realidad tangible, el sobrecoste de los libros originales. Convirtiendo al libro en un artículo de lujo para la mayoría de colombianos. Todo apunta que con el paso de los años los libros van a dejar de ser un objeto de consumo masivo. Aun así, los soportes digitales tienen una serie de elementos muy interesantes, por ejemplo, si tú estás interesado en buscar un fragmento específico de un libro, está la opción de buscar una palabra puntual dentro del texto. Ese tipo de herramientas son de gran ayuda para un lector. Pero si me preguntas a mí puntualmente, yo aún me quedo con el papel. 

Por otra parte, siento que un libro físico es mucho más cálido que una máquina en el terreno de lo sensorial. Oler un libro es uno de los placeres más grandes que tiene mi profesión, por ejemplo. ¡Los libros huelen delicioso cuando están nuevos!  Poder sentirlo, poder manipular las hojas… eso hace parte de lo sensorial. Yo fui un lector formado con libros físicos y eso obviamente marca mis preferencias. 

Adentrándonos al club de lectura como tal, me gustaría que explicaras, ¿cuál es la estructura y la metodología del Club de Lectura de la Javeriana Cali?  

Nosotros planteamos cada mes un eje temático. Es un eje temático que en varios casos se consulta, pero que en otros casos lo decido directamente. Cuando eres el coordinador de un club de lectura, se debe partir de lo que conoce. Tú no puedes hacer un club de lectura de libros que no conoces. En ese sentido, trato de plantear ciclos temáticos de acuerdo a lo que yo conozco. Para cada sesión se plantea una lectura en voz alta de un fragmento del texto y, por último, se hace un proceso de reflexión. Una pregunta clásica que yo realizo a los participantes es ¿Ustedes qué entendieron del texto? o ¿Cómo lo sintieron, más allá de lo racional? Uno como lector puede captar un texto a nivel racional y a nivel emocional. La idea es construir entre todos el sentido del texto. Aunque también es completamente válida la reflexión individual. Pero lo que tratamos de hacer en el Club de Lectura de la Javeriana Cali es contrastar esos puntos de vista singulares. 

Y algo que yo trato de incluir siempre en las sesiones es lo cinematográfico también, porque puede que el cine y la literatura son lenguajes distintos, pero siento que el cine es una herramienta pedagógica importantísima y subvalorada al mismo tiempo. Considero que los docentes no conciben integrar películas a sus clases y creo que se están perdiendo de muchas cosas –risas–. El cine ayuda desde el terreno pedagógico a entender ciertas cosas o a reafirmar ciertos conceptos. 

Leer en voz alta es un requisito indispensable dentro de las sesiones del Club de Lectura de la Javeriana Cali (como lo mencionamos con anterioridad). ¿Por qué es tan  importante hacerlo?

Por varios factores. El primero es porque nos permite ser conscientes de cómo estamos leyendo, de manejar el timing que debe tener una lectura. Y, segundo, corresponde, finalmente, a un aspecto pedagógico. Creo que cuando uno aprende a leer en voz alta, el discurso te da otro orden.

¿Qué sucede cuando leemos mentalmente? Leemos a toda velocidad, ta, ta, ta, ta, ta. Incluso, leemos tan rápido que nos saltemos los signos de puntuación. Y si estás leyendo algo que te gusta, peor aún. Leer en voz alta nos hace conscientes también de que hay una intencionalidad por parte del autor de la obra. Un autor no pone una coma (,) porque sí, o un punto y coma (;), lo hace porque tiene una intencionalidad. Leer en voz alta nos permite entender esa intencionalidad del autor. 

Lo segundo, es que escuchar a otra persona leyendo en voz alta, hace parte de un rito atávico. Los primeros seres humanos que manejaban un lenguaje medianamente coherente se sentaban alrededor de una fogata y alguien empezaba a narrar una historia, eso generaba una cohesión muy fuerte entre ese colectivo de personas. De alguna forma eso también hace parte de nuestra identidad como seres gregarios. La lectura en voz alta, a lo largo de muchos momentos de la historia, constituyó la principal forma de conocimiento del mundo, ¿por qué? Porque hasta hace muy poco el mundo empezó a alfabetizarse. En esta época conocer a alguien analfabeta es un poco complejo, pero por muchos años no fue así. 

Sección de preguntas políticas

Las nuevas medidas de las Naciones Unidas hablan del patrimonio inmaterial para calcular la verdadera riqueza de las naciones. El patrimonio inmaterial significa, básicamente, el conocimiento que atesoramos en nuestras cabezas como ciudadanos. Para las Naciones Unidas, la gran adquisición de capital material deja de ser una medida que indique la riqueza de un territorio o la de un individuo; una persona que posea diversos vehículos de transporte, varias casas, cuentas bancarias en el extranjero, puede ser considerado por las Naciones Unidas como un indigente en el caso tal de que se encuentre vacío de conocimientos. ¿Crees que este nuevo indicador es razonable?

El patrimonio inmaterial está siendo valorado recientemente, eso es así. Desde mi mirada sociológica es parte fundamental de lo que es la construcción de una identidad para una comunidad. Una comunidad si no tiene identidad no se puede llamar comunidad. Si tú como individuo no tienes puntos en común con tus pares, muy difícilmente vas a construir colectivamente algo. Es decir, los referentes memorísticos, los referentes mnemotécnicos, los referentes históricos, etc., consolidan dicha identidad colectiva. Por consiguiente, leer libros de alguna forma nos hace ciudadanos más conscientes. Y en ese sentido, te vas a convertir en una persona más libre.

En definitiva, leer te proporciona unas herramientas para entender de forma un poco más certera la vida, por ende, sí considero que leer nos hace ricos.  

Siempre he pensado que la literatura le importa cada vez menos a la gente que tiene el poder de dirigir las masas, y por esa razón las masas ven un libro y se alejan corriendo. ¿Opinas igual?

Centrándonos en Colombia, una tradición que estaba instaurada dentro del clima político nacional era que los dirigentes eran personas que, curiosamente, gustaban mucho de la literatura. José Manuel Marroquín, por ejemplo, fue un presidente que gustaba de la poesía y de lo literario. De hecho, él escribió poemas muy célebres. Un caso más reciente podría ser Belisario Betancourt, que fue presidente del país entre 1982 y 1986, pero después de eso, o, tal vez antes, no lo tengo muy claro, era un escritor de poesía. No sé si esa tradición este muy arraigada en este momento. Desde mi visión particular, creo que tenemos, desafortunadamente, una clase dirigente que, al contrario, pone trabas para que el conocimiento pueda llegar a las comunidades. 

Hace poco un hecho en particular me llamó la atención;  vi en televisión que uno de los candidatos presidenciales en un debate propuso poner IVA a los libros. Eso implicaría limitar muchísimo más el acceso del libro a las comunidades. Es una cosa que en el terreno de lo viable no tiene ni pies ni cabeza. ¡No podemos permitir eso! Tenemos una clase dirigente en donde les interesa muy poco que sus ciudadanos sean críticos y estén formados. 

El poder se alimenta de ciertas cosas, de acuerdo a un filósofo que quiero muchísimo, el cual se llama Baruch Spinoza. Él decía que el poder se incrementa en la medida que la gente esté triste. Spinoza hace una relación muy bonita entre la tristeza y el poder. El poder necesita ciudadanos tristes. Cuando hay tristeza, la gente es más pasiva de lo normal. Crear sociedades tristes es uno de los objetivos que tienen los poderosos. Para colocarte un caso más puntual: el presupuesto del Ministerio de Cultura año tras año viene bajando, viene bajando, viene bajando… Es un presupuesto ínfimo respecto al que tiene el Ministerio de Defensa o el Ministerio del Interior. Esto significa que el Estado no está interesado en fortalecer culturalmente a sus ciudadanos.

Ya que tocamos temas nacionales… Dentro del mundo literario se oye decir que la literatura latinoamericana, más exactamente la colombiana, es una literatura muy hermética y pobre. ¿Qué piensas de esta opinión? 

Sin ser el más experto en literatura colombiana, creo que últimamente la literatura colombiana ha estado haciendo un esfuerzo por abordar otras dimensiones, otros segmentos, otras realidades.  

Hace poco leí un libro de Giuseppe Caputo que se llama “Un mundo huérfano”. Es la historia de un chico gay que vive en una zona marítima y rural de Colombia. Este chico vive con su papá, el cual está pasando por un momento difícil. Es un libro que propone una relación entre la marginalidad y la situación que tienen que sufrir personas que poseen sexualidades alternas. 

Las estadísticas nos muestran que las personas Trans tienen la menor expectativa de vida. Estos individuos deben dedicarse a hacer trabajos marginales, por llamarlo de alguna manera. Sus condiciones de vida son terribles para la gran mayoría. Entonces lo que nos plantea Giuseppe Caputo dentro del libro es esa relación entre la marginalidad y la expresión sexual individual. Me parece que lo que hace es abrir otras formas de comprensión de las realidades en la literatura nacional. Te puedo seguir mencionando varios ejemplos, pero el caso es que la literatura colombiana está tratando de abarcar realidades que antes eran inexistentes para los literatos, sobre todo. A nivel latinoamericano también viene pasando lo mismo: literatura queer, literatura feminista, literatura de minorías raciales, literatura de los perdedores, en fin… La literatura latinoamericana como la colombiana están haciendo unas apuestas interesantes y necesarias. 

Ahora bien, haciendo un análisis comparado entre la densidad de publicaciones que se realizan en Latinoamérica y en España, por ejemplo, este último país ha gozado de una tradición literaria inmensa, por ende, tiene las mejores condiciones para editar y publicar libros. Desafortunadamente eso no ha pasado en otros países latinos. Colombia es un país que se encuentra entre las cuatro o cinco naciones latinoamericanas que más publican libros, pero, sin embargo, hay que fijarse en qué condiciones publican. Lo más grave es que las grandes casas editoriales están ubicadas en Bogotá y Medellín, principalmente. Eso ya implica una centralización. ¿Y qué pasa con los libros que se escriben en regiones apartadas del país? Los condicionantes sociales son alarmantes si autores periféricos intentan publicar sus libros en este país híper centralizado.  Finalmente, el ejercicio de edición está muy aunado al desarrollo económico de un país. El número de libros que se imprimen en una nación puede significar el desarrollo económico y cultural de toda una región. 

Siguiendo con los sesgos literarios pongo encima de la mesa otro: Existe un grupo de literatos y académicos ortodoxos que establecen la siguiente división: Literatura feminista y/o de mujeres y literatura general, como si fueran dos géneros inconexos. ¿Cuál es tu opinión sobre esto?

Aquí hay tela por cortar… ¡La literatura es literatura! Sin embargo, en la actualidad hay unas ciertas reivindicaciones sociales que hay que prestarles atención. Por ejemplo, el tema del feminismo, el tema de los LGTBIQ+ y las reivindicaciones raciales que te mencioné anteriormente. Cuando se nombra a un libro “literatura feminista”, lo que se está tratando de sugerir es que ese libro aborda el tema del feminismo. En un sentido informativo, las categorizaciones son importantes para el lector, porque logran orientarlo dentro de todo un mundo inmenso de posibilidades. 

Si me preguntas por mi opinión personal, darle cierta militancia a lo literario puede llegar a ser peligroso, ya que estaría rozando la estigmatización. 

Sección de preguntas para un bibliófilo

Podrías por favor contarme de 5 libros de literatura preferidos 

Tengo un libro que quiero muchísimo que se llama “Las horas”. Es de un autor estadounidense llamado Michael Cunningham. “Las horas” es una obra que está enmarcada en tres tiempos y espacios distintos. En la primera historia se encuentra la escritora inglesa Virginia Wolf, la cual está escribiendo un libro en Inglaterra en 1923. La otra historia trata sobre una ama de casa de los Ángeles, California, que está leyendo en 1950, La Señora Dalloway, una novela que escribió Virginia Wolf. Y el tercer personaje es una mujer que está viviendo la misma situación que vive la Señora Dalloway. La Señora Dalloway es el vaso comunicante de las tres historias y a partir de ellas el autor hace una reflexión muy profunda de lo que significa ser mujer en determinados momentos de la historia. Pero más allá de ser una literatura que hable de lo femenino, es una literatura universal. Es un libro que plantea interrogantes muy válidos para todo el mundo; por ejemplo, el miedo a envejecer, el miedo a perder lo que amamos, el miedo a descubrir cosas de nosotros mismos que siempre hemos negado… Ese tipo de cosas están muy presentes en el libro. En definitiva, es un libro al cual le tengo un cariño inmenso. 

El segundo libro sería “La casa de las bellas durmientes”, de Yasunari Kawabata, que es un escritor japonés. Es una obra cortita pero muy sustanciosa. Es la historia de un hombre que está envejeciendo y siente que antes de envejecer quiere satisfacer sus deseos eróticos.

El tercero es la dupla de libros de “El llano en llamas” y “Pedro Páramo” de Juan Rulfo. Me parece que dentro del contexto latinoamericano es la Santa Biblia, por equipararse con algún texto sumamente importante. Si no hubiera existido Juan Rulfo mucho de los movimientos latinoamericanos de literatura no existirían. Y, además, es un libro bellísimo. Es una verdadera pena que Juan Rulfo no haya escrito más libros.

El cuarto es “Cien años de soledad”. ¡Es el libro como tal! Yo a los 17 tuve un accidente jugando fútbol y estuve ocho meses caminando con la ayuda de un bastón. En ese tiempo de recuperación tenía varios ratos muertos (en esa época no existía el internet, estamos hablando del año 99). Un amigo, un día cualquiera me prestó Cien años de soledad y eso fue… Wow… Como cuando conoces el amor de tu vida, algo así, ya nada es igual… ¡Cómo es posible que alguien escriba de esta forma! Eso fue una iluminación, prácticamente.  

Y el último libro corresponde también a un autor que quiero mucho y es “Ficciones”, de Jorge Luis Borges. Borges y Gabriel García Márquez son dos autores de cabecera para mí. Borges es más sobrio, más tranquilo, más hermético. Ambos en su estilo son unos maestros. 

¿Cómo te convertiste en un lector empedernido?

Nací en un contexto un tanto difícil como la gran mayoría de colombianos. Mi papá no era un hombre con muchos recursos económicos. Pero tuve la gran fortuna de tener una mamá muy sensible frente a las necesidades de su hijo pequeño. En la casa donde me crié, me topé con un libro y empecé de repente a leerlo solo. Entonces ella se dio cuenta de mi interés prematuro hacia los libros. Cuando llegaba la paga de mi papá, mi mamá me compraba cuenticos; recuerdo mucho que un día me llevó los “Tres cerditos” y “El príncipe de feliz”, de Oscar Wilde, y de ahí en adelante empecé a leer de forma constante. Tuve personas que me prestaron muchos libros cuando era pequeño y a partir de esos préstamos nació mi amor por la bibliotecología. Cuando descubrí la biblioteca pública del pueblo donde yo vivía, Madrid (Cundinamarca), eso para mí fue el descubrimiento del paraíso; ver tantos libros, tantos lomos, tantos personajes… ¡Fue algo impresionante! Esa biblioteca fue mi segundo hogar. Cuando crecí ya sabía que quería ser bibliotecólogo. Las bibliotecas para mí son espacios místicos, son espacios muy distintos a lo que nos brinda el mundo; es un espacio que requiere una cierta tranquilidad, una cierta pausa. Otro tipo de espacios te exigen otras cosas, pero la biblioteca es incluso una resistencia frente a esa velocidad actual en la que gira el mundo. Venir a una biblioteca, quedarse unas dos horas, buscar un libro, leer… Es una forma de resistencia frente a la agilidad, al ansia con la que vivimos los individuos contemporáneos del mundo. 

Me gustaría recomendarles una película a las personas que estén leyendo esta entrevista. La peli se llama “El cielo sobre Berlín”, del director alemán, Win Wenders. El Cielo sobre Berlín es la historia de dos ángeles que habitan la ciudad de Berlín (en esa época era la capital de la República Occidental de Alemania). En ese contexto de plena Guerra Fría los dos ángeles empiezan a andar entre los habitantes de esa zona (obviamente las personas no los pueden ver, pero lo ángeles si pueden hablarles al oído y sugerirles ideas) … Hay una escena muy bonita que sucede dentro de una biblioteca y lo que la película nos termina de sugerir es que las bibliotecas son la casa de los ángeles. Eso siempre me ha quedado marcado.   

Para finalizar, ¿alguna recomendación para las personas que deseen adentrarse al mundo literario por primera vez?

Recomiendo que se lean todos los libros de Julio Verne, porque es una lectura que no están compleja y al mismo tiempo es muy interesante y entretenida. La forma en que Julio Verne describe los animales acuáticos en “Veinte mil leguas de viaje submarino” es algo maravilloso. Esa parte donde describe la perla más grande del mundo que está dentro de la ostra más grande del mundo… eso es una cosa que te estalla la imaginación. Por otro lado, Robinson Crusoe, de Daniel Defoe, también se los recomiendo mucho para adentrarse al mundo de la literatura. Emilio Salgari es un autor de novelas juveniles, muy recomendado. Y, por último, no puede faltar “El principito”, de Antoine de Saint- Exupéry. Yo sé que es un cliché, pero es una lectura obligatoria. Si tú no has leído “El principito” no te puedes llamar lector, porque ese es el libro que marca la educación lectora de muchos lectores de los años 40 y 50 del siglo pasado.