Irónicamente, el mes de diciembre para algunos es sinónimo de alegría, para otros, la semilla de la tristeza y la resignación

Por: Fernando Jiménez

Las luces decembrinas comenzaron a encenderse. De todos los colores. Se ven por todas partes: centros comerciales, almacenes, en las casas, en los negocios. Todo anticipa que vendrá la Nochebuena y, una semana después, el Año Nuevo.

Desde noviembre comenzaron a escucharse los villancicos, los melomerengues y los temas que anticipan la alegría de las familias.

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Junto a un semáforo donde habitualmente vende dulces, Luis Enrique me dijo ayer: “No me gusta diciembre”. Una frase que he escuchado otras veces, repetida por muchas personas. Cuatro palabras que ponen en evidencia el sinsabor de no tener con qué comprar lo que a otros les sobra: ropa, juguetes, comida.

“¿Por qué no te gusta diciembre?”, me aventuré a preguntarle al muchacho, de unos doce años. Pequeño sí, pero habilidoso para contar los billetes y dar el cambio. “Porque le escribí varias cartas al niño Dios pidiéndole regalos, y nada…”, me respondió.

Una respuesta contundente, demoledora, que reaviva las diferencias sociales que afloran por esta época.  Están quienes disfrutan comprando y regalando, y los que se resignan a mirar las vitrinas y a soñar.

Luis Enrique encarna a millares de niños que se trasnochan el 24 de diciembre esperando que lleguen los regalos, para despertar, horas después, con la desolación de una cama vacía. ¡No hay nada! Afuera, otros menores jugando y riendo, como si el que regala en navidad se hubiese equivocado de dirección o, sencillamente, decidiera seguir de largo.

La inequidad social que pervive en el tiempo. El desbalance que hace a un grupo grande muy pobre y precario, y a un menguado segmento de la población con   capacidad para sobrevivir en medio de la escasez.

Me alejé hasta que la imagen de Luis Enrique se desdibujó en la distancia. Imaginé que en algún lugar indeterminado y distante deben estar miles de cartas sin abrir, de niños que pidieron regalos en navidad, pero nunca llegaron. ¡Este diciembre la solución está en sus manos!

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