#Relato: Cuando el cóndor ataca. Parte 2*

#Relato: Cuando el cóndor ataca. Parte 2*

Cuando el cóndor ataca. Parte 2

Cuando el cóndor ataca. Parte 2

Le preguntó a su padre un día ¿qué ocurría?, ¿por qué todo había cambiado tan repentinamente?, ¿por qué había sujetos malos en las calles que golpeaban a otros? Su padre pareció meditar las preguntas, al final, después de una pausa, le dijo que hay animales que se dejaban corromper por el poder y sus intereses. No entendía cómo la maldad podía dominar el corazón de las personas.

Su padre continúo trabajando en la fábrica y asistiendo al sindicato. En el colegio, a los animales que cumplían la mayoría de edad se los llevaban en camiones. Cuando las madres se percataban rompían en llanto. A pesar que él tenía 12 años, no quería ser llevado en uno de esos coches, no quería que lo arrancasen de su familia, le dijo a su padre que no iría más al colegio. Pero su padre lo convenció de que no le ocurriría nada, que tanto él como su madre no permitirían que se lo llevaran. No obstante, con el pasar de los días, muchos profesores tuvieron que marcharse, o simplemente desaparecían de sus casas.

El colegio terminó por cerrar sus puertas. El pequeño oso se alegró de no tener escuela, podía quedarse en casa haciendo los planos de la caja o leyendo cuentos. Pero notó a sus padres bastantes preocupados, más de lo normal. Decidieron seguir educándolo en casa.

Aprendiendo a vivir así

Tres años después las cosas no parecían cambiar. El estricto régimen se mantenía en pie. Las desapariciones y arrestos se hicieron cada vez más constantes. Su padre terminó perdiendo el trabajo, pues al dueño de la empresa lo acusaron de comunismo y se lo llevaron, o al menos escucho eso de su padre: un día después del trabajo unos sujetos entraron y lo montaron en un coche patrulla, la fábrica cerró y todos sus trabajadores quedaron en la calle. Su padre estuvo los siguientes meses deambulando para buscar un trabajo, sin embargo, una tragedia inesperada ocurrió. Mientras dormían, la puerta de la entrada fue abierta abruptamente, unos sujetos entraron en la casa. Su padre y su madre corrieron a su habitación, todo era muy confuso, vapulearon a su padre y se lo llevaron. Entre lágrimas y gritos su madre se aferró al padre, pero los sujetos también la golpearon.

Los siguientes días la madre fue a los despachos de abogados, a la defensoría del pueblo, a la estación de policía y las bases militares. Pero en ningún lugar le daban información acerca del paradero de su padre. Todo se hizo más difícil, apenas podían dormir y su madre lloraba desconsoladamente. A ella le tocó trabajar de mesera en un restaurante para poder pagar los gastos, no ganaba mucho, pero servía de algo, ya no tenía casi tiempo, el trabajo y los deberes de la casa la mantenían ocupada, no lograba conciliar el sueño y el recuerdo de su esposo la asediaba. La casa había adquirido cierto ambiente de tristeza y melancolía.

Cuando el pequeño oso cumplió 18 años, consiguió trabajo en una fábrica de ensamblaje, para ayudar a su madre, quien después de años de buscar a su padre, había enfermado por el dolor y la melancolía de no saber qué había pasado con él. Crecer sin su padre fue algo difícil, lo quería demasiado, le había enseñado muchas cosas y era un padre amoroso. Su mayor recuerdo era la caja de títeres de hojalata que no habían terminado.

 

 

Cuando el cóndor ataca. Parte 2

 

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