#Relato: El caso del señor Domínguez

#Relato: El caso del señor Domínguez

El caso del señor Dominguez

El caso del señor Domínguez

A continuación les narraré los hechos ocurridos el 6 de marzo del presente año, con el señor Julio Domínguez. Abogado de renombre, graduado con honores y que hasta ese día, era hombre respetado por su servicio a la comunidad. Las investigaciones y entrevistas, en una primera instancia, arrojaron que el asesinato del señor Carlos Aristizabal a manos del señor Domínguez, fue un crimen pasional, ya que se rumoraba que la señora Cecilia Velásquez, esposa del señor Domínguez, mantenía una aventura con el difunto Aristizabal. Esto fue tomado como el móvil del señor Domínguez para llevar a cabo el asesinato. Éste acepto y dio su testimonio, aclarando que había encontrado a los amantes, la tarde del 6 de marzo y que tomando su puñal, arremetió contra Aristizabal apuñalándolo 18 veces.

Sin embargo, un nuevo testigo, vital para la investigación, arrojó un nuevo rumbo en la historia del señor Domínguez. Según el testimonio, Aristizabal no fue asesinado por un crimen pasional, sino que el móvil fue otro. El señor Aristizabal era el fiscal encargado de la acusación de uno de los clientes del señor Domínguez. El acusado de nombre Hernán Cortez, es señalado de paramilitarismo y crímenes de estado. Los hechos apuntan a que Domínguez actuó bajo la presión de su cliente, quien le advirtió que tenía que hallar la manera de liberarlo. Pero al volver a hablar con Cecilia, la esposa de Domínguez, arguyó que su marido envidiaba al fiscal porque había perdido varios casos frente a este, más específicamente, que el señor Cortez si presionó a su marido a hacer algo en contra del fiscal.

Un ataque inesperado

La vía más fácil era contratar a alguien que se encargara del asesinato. No obstante, lo inesperado para el señor Domínguez fue encontrar a su mujer la tarde del 6 de marzo, con el señor Aristizabal en su casa. El señor Domínguez regresaba después de su jornada laboral, y al entrar a su habitación los halló en la cama. Henchido de rabia, agarró su puñal y asesinó ahí mismo al señor Aristizabal, que recibiendo varias perforaciones en el tórax y los pulmones, tuvo una muerte súbita. Los nervios invadieron al señor Domínguez, quien entró en shock, hasta que llegó la policía y lo arrestaron en flagrancia.

Según el señor Domínguez, asesinar al señor Aristizabal nunca fue una opción para él. Nunca imagino que su mujer estuviese acostándose con su rival laboral. Ahora acepta su condena, pues de su propia boca salió que ya no tiene nada que perder.

“La libertad no es solo andar por ahí, deambulando, la libertad tiene que ver con algo espiritual y más profundo. ¿Qué libertad voy a sentir yo? Después de haber descubierto que mi mujer me era infiel, y que además asesiné a ese hombre. Ya no sentiré tranquilidad, no podré ser libre. No hay diferencia entre la calle y la cárcel.” Dijo a los diarios y a las cámaras que se preocuparon más en mostrarlo como una figura monstruosa. Yo quise rescatar estas últimas palabras porque quedaron sonando en mi cabeza. Al fin y al cabo el señor Domínguez es un hombre más, que siente y que piensa. Cometió un grave error por emociones que lo empujaron a un precipicio. Ahora lleva una carga encima que es peor que las rejas de la cárcel, la llamada culpa.

 

 

El caso del señor Domínguez

 

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