#Relato: Esclavo De Un Trono

Anclados al poder y con miedo a ser devorados

Nuestro gran momento ha llegado. Alguien en la habitación se levanta, apenas puede mantenerse en pie. Cuando vuelve en sí, da algunos tumbos hasta desplomarse. Quizás debimos esperar un poco más. Ya no hay euforia, solo miradas vacías que congelan su ojos, en ese alguien que yace en el piso. No todos somos unos buenos para nada, a veces alguno se levanta para cerrar las ventanas, en esos días en que el sol pega muy fuerte y la plancha del techo se calienta. En los días de lluvia dejamos correr el agua. Recuerdo aquella vez en que la habitación se inundó totalmente. Mierda, casi que se podía nadar en ella.

Algunos optan por atarse a su silla para nunca abandonarla. Los que están en el piso echados, podrían tomarla y no, no es bueno, el piso es frió en las noches. Incluso hay quienes han muerto de neumonía u otras mierdas así.

A Carlitos le dio cáncer de pulmón, a él lo recuerdo muy bien porque cruzamos unas palabras, fueron cuatro o cinco, pero nos bastó para ser amigos de toda la vida. Hasta que un día se levantó para mear por la ventana y le quitaron su silla, tuvo que dormir en el piso hasta que enfermo y ahí murió. Nadie sacó el cadáver, luego una vecina por el olor nauseabundo se vino con un traje espacial y se llevó los restos de Carlitos. Los primeros días, los que estaban más cerca se comieron sus partes más deliciosas. Maldición, son como hienas pensé. Algún día van a devorarme y puede que no sepa bien. Fumé mucho en años pasados. Mierda soy un platillo ahumado, eso sabe exquisito, ojala no lo sepan o querrán matarme.

Hoy me levantaré y saldré por esa puerta a recibir la brisa, me vendrá bien algo de aire y mi familia se alegrará de volverme a ver. Olvidé que estaba atado a la silla, alguien debió hacerlo mientras reposaba en la víspera. Estos hijueputas me la han querido jugar. Mi mirada recorre toda la habitación buscando al culpable de amarrarme… Acabo de recordar que yo mismo me até cuando Carlitos abandono su asiento y lo tome. Oh pobre, pobre hombrecito, seguro la vecina tendrá sus huesos como trofeo.

Existió algún momento en que ella también perteneció a esta habitación, se arrastró por el sucio piso y robo alguna silla para que otro muriera. Que maldita perra sucia, hacer eso es tremendamente de hijueputas. Pero ella ahora tiene su propia casa y tiene muchas sillas para ella sola. Seguro mañana me pasaré por allí y me sentaré en la más cómoda. Pero tendré que pedirle a alguno que me desate.

“Psssst, psssst. ¡Vos! Sí, vos. Desatame.” El pobre infeliz con sus pocas fuerzas logro desamarrarme solo una mano. Murió en el intento de la otra, seguro me ayudo porque creyó que la silla quedaría para él. Pobre iluso, no me levantaré de está silla, Carlitos tuvo que morir, se sacrificó para que yo tuviera este lugar. Nada, ni nadie me hará levantar de aquí. Ni las sillas de la vecina, ni mi familia, ni DIOS.

 

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