#Relato: Sobre el fracaso y los días amargos.

#Relato: Sobre el fracaso y los días amargos.

Sobre el fracaso y los días amargos.

 

A veces me pregunto si la gente me escucha. Si lo que escribo tendrá algún lector. Creo que no, que todo lo que sale de mi cabeza es tan insuficiente, que la gente prefiere ignorarlo, dejarlo volar con las corrientes de aire. Es fácil ignorar a alguien, no se necesita mucho esfuerzo. No me molesta, me lo he pensado durante largos ratos. Si me prestasen atención, terminarían aburriéndose, al menos si no lo hacen, no me vuelvo tan soporífero y solo soy un tipo más, ordinario y común. Es mejor callar, el único problema es cuando alguien cortés te habla, mantiene una conversación fría y de poco interés. A veces encuentro a alguien sumamente encantador para hablar, pero cuando descubro cómo son, puedo adivinar lo que van a decir y se torna aburrido de nuevo, entonces vuelvo a guardar silencio, hasta que alguien tenga algo plausible, o al menos cautivante por contar. La vida se vuelve predecible, buscas nuevas cosas que también perderán su esencia, y así te la pasas, en la interminable aventura de avivar el espíritu y las sensaciones.

Hoy M. me dijo que le habían dejado un cuestionario en la universidad sobre la muerte, sobre la razón por la cual te masturbas con la derecha y no con la izquierda o viceversa. Algo así sobre la introspección, me dijo. Entonces me pregunte ¿por qué las palomas nos cagan en los hombros? Si tuvieran cerebro ¿lo pensarían? ¿Pintarían un cuadro porque tienen esa particular costumbre de ensuciarnos? ¿Estarían llenas de odio las palomas? No dijo nada, sabía que era más importante su trabajo, que mis habladurías eran pura bazofia.

Volví a usar los platos del almuerzo para la cena, en la vida de un fracasado no te preocupas por eso, todo funciona para ti, si puede ser usado. Aunque claro, nunca está de más que tu madre te dé una buena paliza o te grite si no haces los deberes. Ella arrasa con todo, deja tu habitación impecable, oliendo a flores, a pradera, a roció del alba. Pero no te gusta, vuelves a desorganiza, así sabes dónde esta cada cosa, aunque se te puede olvidar.

Mis ratos más amargos son en la tarde, el sol está en su punto de volver a caer. La gente anda por ahí y el rumor del viento te trae las frases de algún enamorado que trata de seducir a su chica. O algún consejo de una madre, rezonga y rebota en tu habitación, no te pares ahí que te vas a caer. No hay vuelta atrás, te terminas rompiendo la cabeza, o como dicen ellas, descalabrándote, y con la sangre por todo el rostro, que te chorrea hasta el cuello. Lástima, era tu camiseta favorita, tenía un estampado de los Power Rangers que te hacía sentir cool ante los demás niños, pero perdiste todo eso en un segundo, ese título del chico genial, cuando se te soltaron las lágrimas y te fuiste corriendo. Ahora, estabas sin camiseta y sin dignidad. O quizás nunca tuviste nada de eso, solo tratabas de aparentarlo, porque eres un fracaso.

Te está entrando el sueño, tarareas canciones que se van poniendo al azar. ¿Dónde está la belleza de existir? ¿Y si fueras una paloma que lo único que hace es cagarse en el hombro de la gente? Nada te importaría, no estarías tan jodido. No le buscarías la quinta pata al gato, podrías dejarte llevar simplemente, pero eso no es lo tuyo. Cuando te cortaron el cordón umbilical, hasta ahí llego tu conformismo. Podre ser un fracasado, pero no aceptare todo lo que me tiren encima.

Ya no sé qué cojones hacer. Escribo y bebo, trato de sacar el dolor, pero sigue ahí, intacto en mi corazón y empieza a pudrirme otras partes del cuerpo, sobre todo el estómago, que empieza a sentir unas nauseas incontrolables. Doy un giro sobre mí mismo, me golpeo, jaloneo el cabello, pero sigue ahí, palpitando, bombeándose por toda mi sangre, llegando a la yema de los dedos. Resoplo con calma pero parece más un estertor, como si me fuese a morir de una pena. Nunca fui un tipo duro, eso ya lo sé. Soy puro huesos y emociones. La punta de un alfiler, cargada de un mínimo sentimiento, me basta para hundirme en la tristeza.

La gente no va a conseguir entenderme. M. tampoco lo hará, ella está lejana en su universo, en su propia atmosfera, tiene todo lo que necesita allá, porque es cálido y apacible. No necesita un estorbo en su vida, ha demostrado demasiada probidad, pero poco semblante para aguantarme.

Afuera las parejas caminan tomados de la mano. Yo doy tumbos corticos con mis tambaleantes pies mientras sostengo la botella de ron. ¿Qué haré cuándo se acabe? No tengo ni donde caer muerto.

 

Sobre el fracaso y los días amargos.

Comentarios

comentarios

Leave a Reply