#Relato: UN BORRACHO, UN LADRÓN Y UNA BELLA DAMA.

#Relato: UN BORRACHO, UN LADRÓN Y UNA BELLA DAMA.

 

21:47. PASCUAL.

A las 21:47 salió Pascual del bar, tambaleándose después de haberse acabado una botella de escocés barato. Le hedía el aliento y todo daba vueltas a su alrededor. Quizá se había tomado algo más que una simple botella de escocés, había empezado con una cerveza, luego vinieron otras tantas y dos copas de vino. La calle estaba vacía por la lluvia, algunos coches pasaban a toda velocidad levantando el agua de las canaletas. “Malparidos huevones”, se dijo para sus adentros cuando un bus lo mojó por completo. La lluvia había llegado a la ciudad de un momento a otro después de los meses de canícula. Las calles empezaron a inundarse y salir era una osadía entre las largas filas de tráfico, las lloviznas no cesaban.

Mientras caminaba pensó en aquella chica que esa noche lo dejó plantado. Qué iba a pensar él que al final ella no cedería a sus encantos, que lo dejaría esperando en la mesa de un barcito en el centro de la ciudad y, ese fracaso amoroso, lo terminaría hundiendo entre las copas. Unas calles más abajo vió un alud que se aglutinaba en un callejón oscuro. Algunas patrullas parqueadas en la acera, iluminaban con la luz roja y azul parte del callejón. Uno de los agentes de policía ponía una cinta amarilla de precaución. Luego una furgoneta de algún periódico frenó en seco, el fotógrafo se bajó raudo y se puso a fotografiar la escena del crimen.

Pascual no prestó mucha atención, iba ensimismado pensando en aquella mujer que pudo ser la gran chica de sus sueños. Además estaba acostumbrado a los coche patrulla, a los tumultos y las cintas amarillas. Los criminales tenían tan azotada la ciudad, que era tópico de todos los días: las sirenas, los sollozos, los periodistas. Él no lloraría al muerto, estaba seguro que no lo conocía, porque aquellos que fueron sus amigos se habían marchado lejos. Solo quedaba él, yendo a los mismos lugares, buscando jovencitas y bebiendo escocés barato. Se detuvo en la parada del bus y abordó uno.

 

20:30. JORGE.

Cuando el reloj marcó las 20:30, Jorge se puso el revolver viejo en el cinto. Miró la imagen de Jesús pegada en la pared y se echó la bendición. Luego revisó de nuevo el reloj colgado en la pared. Se asomó por la ventana, notó que la lluvia había parado. Se puso se chaqueta de denim raída y salió. Estuvo andando en busca de algún despistado que no le hubiese pillado venir para robarlo, pero las lluvias habían espantado a la gente de las calles. Los negocios estaban abarrotados, todos buscaban abrigarse y estar secos. Quizá era un mal día para salir a robar, pudo haber regresado, aún estaba a tiempo. Pero llevaba la renta retrasada, se le agotaba la comida y su hijo necesitaba ropa nueva. Seguro podía atracar a alguna mujer con su salario atrasado recién pagado en el bolso, o algún tipejo que llevaba ahorrando meses para comprarle algo a su novia.

Pensaba que el mundo era de los fuertes, necesitaba algo para justificarse. La necesidad era la raíz del problema y robar el medio para poder solucionarlo. Halló entonces un callejón oscuro, las sombras le servirían de escondite. Prendió un cigarrillo y esperó.

20:40. LAURA.

Laura estaba dándose los últimos retoques de maquillaje, cuando miró la hora eran las 20:40, tendría 20 minutos para llegar a su cita. Tomó su bolso y revisó su billetera, no tenía mucho dinero, por lo tanto no podía costearse un taxi. Salió apurada del apartamento, si caminaba con prisa llegaría en 15 minutos. La calle la recibió con un ambiente fresco, el asfalto aún seguía húmedo por la lluvia. Pensó en regresar por su sombrilla pero los minutos corrían y quería llegar a tiempo. Siempre sostuvo que ser puntual era muy importante para dar una buena impresión.

Aceleró el paso, las calles no estaban muy concurridas, por lo cual tuvo libertad de andar sin detenerse a esquivar los transeúntes. Pensaba en si estaría bonita, en qué pediría cuando llegase a la barra del bar. Quería una cita agradable y una noche placentera para olvidarse de sus problemas. Le faltaban unas cuantas cuadras mientras continuaba abstraída rumbo al bar donde la esperaba Pascual. Cruzó un callejón oscuro donde un hombre escondido entre las sombras saltó sobre ella.

21:00. JORGE Y LAURA.

Jorge envío su mano al bolso de Laura. Forcejeando unos segundos Laura se aferró a su bolso con fuerza como algo instintivo. La sangre de Jorge circulaba por su cuerpo con violencia, tenía los nervios de punta, aquella mujer no le dejaba llevar su botín. Agarró su revolver del cinturón y sin pensarlo dos veces accionó el gatillo. El sonido de la pólvora estalló al instante y Laura desvaneciéndose lentamente, vio cómo su victimario huía corriendo del lugar, abandonando su cuerpo ya casi inerte en aquel oscuro callejón.

 

 

Sobre el fracaso y los días amargos.

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