#Columna: Enfermedad

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Enfermedad

Se sienta a la mesa y escribe:

Hace unos días una enfermedad diezmó todos mis esfuerzos por sentarme a escribir. En la mañana del sábado, un virus (quiero pensar que fue un virus) no me permitió levantarme de la cama. Fueron momentos de angustia y profundo dolor, pero también de reflexión. Pensé en la situación social del país que, visto desde mi teléfono, cada vez parece más y más oscura. Entendí que muchas veces somos nosotros los culpables al dejar que personas corruptas y agentes del mal, se cuelen en las grandes esferas del gobierno. Nuestra pasividad es un arma de doble filo que, tarde o temprano, nos cortará el cuello.

Pensé en la familia, en mi familia. A veces, nuestra visión de las cosas se encuentra sesgada por el filtro de los problemas cotidianos: mi dolor, mi aburrimiento, mi necesidad. Llegamos al punto en que olvidamos al otro, al más cercano a nosotros. Nos convertimos en fantasmas que vagamos por el mundo y de vez en cuando aparecemos con alguna palabras, pero no más, no mucho más.

Pensé en el futuro. Cientos de jóvenes hoy en día luchan sin cesar por iniciar un camino, por dar sus primeros pasos en esta vida. Después de terminar la universidad, sin duda, he visto, y estoy viendo, a las mejores mentes consumidas por la locura. La locura de un trabajo mal pagado, el sin sentido de una rutina, la tristeza de no saber si todo tiene sentido. Quizá sean estos avatares de la vida los que nos vuelven más fuertes, los que nos hacen abrir los ojos a esas realidades que nadie nos muestra y que, solamente con la experiencia, llegamos a conocer. No sé, quizá.

Existencial

Pensé en mi futuro ¿Estas letras llegarán a algún puerto? ¿Podré hacer algo más que rayar y rayar hojas en busca de algo que signifique? ¿Algún día me detendré vencido por la realidad y me dedicaré a otra cosa? ¿Estaré actuando bien, seré quien quiero ser?

Pensé en el amor. Aquellos que dicen que es algo difícil apenas rasgan la superficie de ese concepto. Amar es bajar a los profundidades más amargas del corazón humano y salir de ahí sin rasguños, sólo para entregar todo y esperar a que esa otra persona decida entregar todo, decida no dañar todo, y de la misma manera, amar significa tener todo lo de otra persona, y decidir no dañarlo. Es como un juego de carreras, donde ambos son ciegos y ambos quieren llegar primero.

Pensé en el mundo. Es reconfortante mirar por la ventana y darse cuenta de que no podemos abarcar todo con nuestros ojos. Parece una especie de invitación, una espera paciente y sin afanes, un grito desde la lejanía, un llamado de algo profundo y desconocido. No todos lo escuchan, no todos quieren hacerlo, y de los que lo hacen muy pocos toman ese rumbo… ¿será esa la senda indicada?

 

 

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