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#Columna – Una enseñanza de mi vida deportiva: El desplazamiento forzado

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Por: Giovanni Sánchez

Fueron semanas en las que no se podía utilizar el Coliseo para realizar actividades deportivas, pero también fueron semanas que, con el paso del tiempo, me sirvieron para aprender sobre política, desplazamiento forzado, conflicto armado y unión familiar.

Yo tenía como cinco años, y en un Coliseo de la Ciudad de Palmira, que ha sido sede de importantes eventos, se alojaban más de 200 personas que habían sido víctimas del desplazamiento forzado. Algunas familias superaban los 5 integrantes y llevaban consigo un sólo colchón, mientras que a otros les había tocado utilizar colchonetas que resultaban ser más útiles de almohada. Para dormir, había que turnarse: si el jergón era amplio podía ser utilizado por dos o tres personas de una manera ‘apeñuscada’- mientras los otros integrantes de la familia dormían sentados-. Las cobijas ´tres tigres´ las usaban como toldillos, y para utilizar el baño había que hacer una fila bastante larga; había que sacar turno y esperar con paciencia.

Al entrar al escenario deportivo, lo primero que se podía vislumbrar eran unos valdes azules con agua hasta la mitad, y al dar unos pasos, se comenzaba a presenciar lo desgarrador: familias compartiendo una caja de comida entre cinco, otras durmiendo al lado de la suciedad de los baños y familias con ollas tiznadas como para hacer sancocho, pero sin el sancocho

En la parte exterior del coliseo, se encontraba la zona donde se repartía la comida, y como no daba abasto para todos, había que priorizar: primero los niños y los adultos mayores y para quienes no alcanzara el menú, les tocaba hacer como dicen los abuelos: “apretarse el cinturón”.

Un día, el ambiente estaba más tenso de lo normal. Había mucho ‘alboroto’ y la gente esperaba con ansias la posible solución a sus problemas. Llegaba el Doctor, un ´cachaco´ de tez blanca, con bigote poblado y con un plus: era hijo de un expresidente de la Republica.

Alimentos, ropa, soluciones y escuchar a las victimas era el motivo de la visita del presidente de la época (1998-2002) que pertenecía al Partido Conservador. Todo estaba militarizado. Venía un hombre que llevaba días tratando de conseguir un acuerdo de paz, por medio de conversaciones con las FARC – EP. Era una persona importante que ocupaba las portadas de los principales diarios y revistas del país.

Aparte de llegar con las manos vacías, su visita fue de ese estilo paciente doctor: duró entre cinco y diez minutos. No se untó de pueblo, no brindó soluciones, pero sí pudo prometer cosas que ni su gobierno, ni el de Uribe y que ni ahora el de Duque han podido solucionar: el desplazamiento forzado.

No sabemos si aquellas personas que esperaban con ansiedad eran incrédulas, eran victimas de la demagogia o de las necesidades estomacales. Investigaciones revelan que quien han sido víctimas del conflicto y del desplazamiento les cuesta mucho llegar a las urnas a ejercer el derecho al voto. Cada vez son menos las personas de las zonas rurales que creen en promesas que pasan de periodo en periodo, de partido en partido y de presidente en presidente.